Notas

68 voces, lenguas indígenas con mucho corazón “68 voces, 68 corazones” es una serie animada de relatos de pueblos indígenas de México narrados en sus propios idiomas.

12 de diciembre de 2019

Foto: lustración: Enrique Sañudo Fragmento del cuento wixarika de la serie 68 voces, 68 corazones

“Todo comenzó hace algo más de ocho años, cuando murió mi abuelo”, rememora Gabriela Badillo, creadora de “68 voces, 68 corazones”, un proyecto sin fines de lucro que intenta retratar las 68 agrupaciones lingüísticas indígenas de México en animaciones de cuentos y relatos tradicionales. Uno por cada lengua.

Cuando muere una lengua se cierra a todos los pueblos del mundo una ventana, una puerta… Cuando muere una lengua, la humanidad se empobrece, dice el poema de Miguel León Portilla, el historiador, filósofo y antropólogo mexicano estudioso de las culturas indígenas de su país. “68 voces, 68 corazones” quiere mantener abiertas esas puertas.

Luego, Gabriela escuchó el poema de Miguel León Portilla… Entonces supo que quería difundir las voces de los pueblos indígenas.

Fue así como nació “68 voces, 68 corazones”, una serie animada de relatos de pueblos indígenas de México narrados en sus propios idiomas.

“68 voces, 68 corazones” es un proyecto sin fines de lucro que intenta retratar las 68 agrupaciones lingüísticas indígenas de México en animaciones de cuentos y relatos tradicionales. Uno por cada lengua.

Ilustración: Adriana Quezada. Fragmento del cuento guajiro de la serie 68 voces, 68 corazones

“Años más tarde, me encontré con el poema de Miguel León Portilla “Cuando muerte una lengua”, todo tuvo sentido para mí y los puntos se conectaron. Escuchar y leer en su poema “cuando muere una lengua se cierra una puerta, una ventana, un universo distinto”, ahí fue cuando de verdad se conectó todo y se generó este proyecto.”

Se generó en su cabeza, pero Gabriela, que en ese entonces trabajaba en una televisora, sabía que necesitaba fondos para concretar su idea, así que registró el proyecto en un concurso del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), que lo seleccionó y le otorgó recursos para empezar a desarrollarlo.

Gracias a eso, Gabriela pudo formar Hola Combo, un estudio de animación, y produjo los primeros siete cuentos. A lo largo de ese proceso, el plan fue cambiando, dejó de ser un proyecto personal y comenzó a crecer.

Los primeros siete cuentos le permitieron conseguir el respaldo del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) y de Canal Once, que se convirtieron en dos grandes aliados para continuar la serie. El INALI apoyó con el conocimiento y abrió a los creadores las puertas con las comunidades y la televisora les respaldó en producción y difusión.

Trabajo con las comunidades de hablantes

Estas dos instancias hicieron posible la generación de más cuentos y, sobre todo, acercaron al equipo de producción a las comunidades. El INALI fue el puente para ello. Así cambió el rumbo del trabajo.

“Pudimos acercarnos a las comunidades para que no fuera sólo un proyecto generado desde fuera para la comunidad, sino hecho con la comunidad, un proyecto conjunto. (…)  Invitamos a los niños a dibujar la historia para que también sean parte y se apropien de su cultura, de sus historias, y para fomentar lazos entre abuelos o adultos mayores y los niños, y la tradición oral.”

La convivencia con las comunidades indígenas cambió la forma de producir los cuentos y enriqueció la serie. Ahora los ilustradores reinterpretan los dibujos de los niños para generar las historias.

Con el tiempo, 68 voces fue ganando el apoyo de más instancias tanto oficiales como privadas, lo que animó a los realizadores a ser más ambiciosos y, más tarde, a tener confianza en lograr 68 relatos.

Hasta este, el Año Internacional de las Lenguas Indígenas, hay 35 cuentos terminados y tres en desarrollo, además de que lanzaron recientemente una campaña para producir tres más en las lenguas con mayor riesgo de desaparición.: akateco, de Chiapas; popoloca, de Puebla; y ku´ahl, de Baja California.

 

El primer corazón fue el poema de Miguel León Portilla y su voz fue el náhuatl. Luego vino la voz maya, el segundo corazón de la serie, ilustrado por Gabriela con su abuelo en mente. Al ser ambos textos de autores contemporáneos, las animaciones fueron la materialización de la idea original de Gabriela.

Difusión

A medida que el proyecto sigue sumando voces, los corazones se van dando a conocer en distintos foros y están disponibles para todo el que quiera verlos en el sitio web 68 voces. Además, ahora también se puede colaborar para que continúe su producción.

Hasta ahora, los relatos se han exhibido en unos 15 países y se han traducido a varios idiomas, entre los que se cuentan el chino, el ruso, el inglés y el portugués, todo esto con el trabajo de voluntarios.

Así, cada uno ha aportado su granito de arena para dar voz a los 68 corazones.

En voz de Gabriela: “Ha sido un proyecto muy noble, muy lindo y con muchísimo corazón de todos los que lo han integrado.”

Leer el reportaje de Carla García completo en ONU Noticias