Notas

Business as usual no es suficiente Necesitamos un nuevo enfoque para las crisis humanitarias

19 de julio de 2017

Foto: OCHA / Yemen, 2015

De los 65.3 millones de personas desplazadas en el mundo, más de 40 millones, o seis de cada 10, son desplazados internos, refugiados dentro de sus propios países. Ellos son la mayoría invisible de las personas desplazadas.

Estos hombres, mujeres y niños están entre las personas más vulnerables del mundo. El término refugiado oficialmente significa alguien que ha sido forzado a huir de su país. Pero, al igual que los refugiados internacionales, los desplazados internos (IDPs: internally displaced people) han perdido todo en los conflictos o desastres: sus hogares, comunidades, bienes y medios de subsistencia. A diferencia de los refugiados, debido a que no han cruzado una frontera internacional, los desplazados internos no se benefician de una protección internacional especial.

Los desplazados internos son quienes están en mayor riesgo cuando ocurren desastres naturales, como cuando la sequía aparece y el hambre toma fuerza. No es una coincidencia que los cuatro países en riesgo de hambruna tengan un número significativo de desplazados internos. ¿Cuál es la mejor forma de apoyarlos?

Este es sólo uno de los aspectos de los complejos desafíos que enfrentamos, que han dado lugar a los más altos niveles de necesidad humanitaria desde la segunda guerra mundial. La mayoría toman la forma de crisis, que involucra una combinación devastadora de peligros causados por la naturaleza y por el hombre, como se ve en los cuatro países que hoy sufren hambruna: Nigeria, Sudán del Sur, Somalia y Yemen. Estas crisis a menudo duran años, causando cientos de miles de muertes.

En estos escenarios, “business as usual o seguir haciendo lo mismo” no es suficiente. Ningún actor o respuesta puede proporcionar la solución. Reconociendo esto, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) estuvieron entre nueve agencias de las Naciones Unidas, con el respaldo del Banco Mundial, para firmar un compromiso hacia una nueva forma de trabajar, en la Cumbre Humanitaria Mundial hace un año en Estambul. El objetivo fue reunir la experiencia humanitaria y de desarrollo para ofrecer mejores soluciones a las personas atrapadas en crisis complejas. El plan consiste en trabajar en todo el sistema de las Naciones Unidas y con los asociados locales e internacionales con miras a lograr resultados colectivos, apoyar el progreso del desarrollo a largo plazo y responder a las necesidades urgentes en conformidad con los principios humanitarios, y trabajar colaborativamente tomando en cuenta la experiencia de cada organización. El objetivo es acabar con las necesidades humanitarias, no sólo para satisfacer esas necesidades.

Desde ese momento, hemos estado poniendo esto en práctica. Siete países que se enfrentan a emergencias complejas – Camerún, República Centroafricana, Chad, la República Democrática del Congo, Haití, Somalia y Sudán – tienen planes humanitarios plurianuales que están en mayor coherencia con los marcos de desarrollo. En Etiopía, estamos trabajando para alinear las actividades humanitarias con el programa nacional de seguridad social. En Myanmar, Chad y Yemen, hemos creado nuevos foros de diálogo para coordinar nuestro análisis y planificación. Mientras tanto, el Banco Mundial ha comprometido más de 14,000 millones de dólares en los próximos tres años para invertir en los estados afectados por la crisis con una acción humanitaria significativa.

En estas crisis prolongadas y recurrentes, los agentes humanitarios y de desarrollo han empezado a trabajar más estrechamente que nunca. ¿Es esto contrario a lo que se pudiera pensar? Ante una necesidad tan aguda, ¿debemos estar pensando en inversiones en gobernabilidad democrática, medios de subsistencia y resiliencia frente al clima y los desastres, en lugar de centrarnos exclusivamente en el objetivo a corto plazo de salvar vidas y preocuparnos por el largo plazo más adelante?

El hecho es que el desplazamiento, como tantos de los problemas que enfrentamos, es una cuestión a largo plazo. En promedio, las personas están siendo desplazadas de sus hogares durante 10 a 20 años. En estas situaciones, los agentes humanitarios tratan de proporcionar asistencia y protección para salvar vidas, tales como comida de emergencia, agua y ayuda médica. Esta ayuda es vital, pero no es suficiente para abordar los desafíos a más largo plazo. Una y otra vez lo que escuchamos de las personas en estas situaciones es que no quieren depender de la ayuda.

Aquí es donde los actores del desarrollo también intervienen para ayudar a los desplazados internos a encontrar trabajo, asegurar que los niños tengan acceso a la escuela, garantizar el acceso a la tierra y a la vivienda, así como apoyar a las autoridades locales para proporcionar, tanto a las comunidades de acogida como a las personas desplazadas, servicios básicos como el agua, electricidad y asistencia médica. Los actores del desarrollo también ayudan a construir la resistencia de las comunidades de acogida y desplazadas para que puedan enfrentar de mejor manera los choques futuros, incluyendo la reducción de la pobreza y, siempre que sea posible, fortaleciendo el estado de derecho, la seguridad y la construcción de la paz.

La Cumbre fue sólo un punto de partida para estos cambios y muchos otros. Su éxito estará determinado por cómo llevemos a cabo y seamos responsables de los cambios que hemos comenzado a hacer. Sin embargo, los socios humanitarios y de desarrollo no pueden sustituir una acción política concertada para poner fin a las crisis, aumentar el respeto de la legislación humanitaria internacional y de derechos humanos, y prevenir que se produzcan crisis futuras. Se necesitará un esfuerzo verdaderamente global para cumplir las aspiraciones de la Agenda para la Humanidad y mantener nuestra promesa colectiva de “no dejar a nadie atrás”. El PNUD y OCHA cumplen nuestro compromiso de hacer nuestra parte. Invitamos a otros a hacer lo mismo.

Por Stephen O’Brien es Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios, y Tegegnework Gettu, Secretario General Adjunto y Administrador asociado del PNUD.

 

Artículo original publicado en The Guardian: Business as usual isn’t enough
Traducción: Laura María Osorio y José Antonio Rodríguez