Notas

Conversatorio: Desafiar la violencia aliándose, nuevos colectivos de periodistas en México

6 de noviembre de 2019

Foto: CINU/Benjamin Fernandez

Periodistas y defensores de derechos humanos de México, Perú y Uruguay intercambiaron sus experiencias en búsqueda de cumplir con el derecho de informar en el contexto de violencia que azota a la región, hoy en el conversatorio “Nuevos colectivos de periodistas: desafiar la violencia aliándose”, organizado por la UNESCO, el Centro de información de las Naciones Unidas en México y la Embajada de Francia, en el Museo Nacional de Antropología.

“Nunca hemos pensando ser corresponsales de guerra en nuestro proprio país”

Paloma Robles y Félix Márquez, integrantes del colectivo ganador de la segunda edición del Premio Breach / Valdez con el trabajo “El país de las 2000 fosas”, juntos con Heriberto Paredes, fotógrafo y reportero independiente en México y otros países, expusieron sus experiencias en la formación de comunidades de periodistas en el contexto de la “guerra contra el narcotráfico”, de la  precarización y de la censura.

“En Vera Cruz esta comunidad nos llegó de manera sorpresiva – como la guerra”, contó Márquez. Cuando “se evidenció el Estado criminal”, y que “la guerra era en contra de la población civil”, testimonió Robles, hubo que “replantear” la manera de informar. “Para nosotras ha sido más que una alianza, ha sido una comunidad, para resistir a ser silenciadas”, dijo, con la certitud de que “solo todos podemos saber todo”. Paredes subrayó “la importancia de generar comunidades más solidarias, para la seguridad y  la atención psicológica, pero también generar redes de cobertura”.

“Nunca hemos pensando ser corresponsales de guerra en nuestro proprio país”, aseveró Gil Olmos, José Gil Olmos, periodista de Proceso, que moderó el conversatorio.

La impunidad, el nodo central

Fabián Werner, director de Sudestaca, medio digital de Uruguay, y Adriana León, del Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), señalaron el hostigamiento judicial sistemático utilizado para silenciar a los periodistas en varios países de América del Sur. Werner recordó que, en este contexto, son los Estados los que tienen la obligación de garantizar la seguridad y las condiciones propicias para cumplir con el derecho de informar.

“Es complejo pedir esta responsabilidad del Estado de garantizar condiciones dignas cuando es parte del conflicto”, divergió Heriberto Paredes.

Griselda Triana Valdez, comunicadora desplazada y defensora de los derechos humanos, evidenció la impunidad que prevalece en la mayoría de los casos de periodistas asesinados, y que permanece en el caso de su esposo Javier Valdez, periodista de Riodoce, La Jornada y AFP asesinado el 15 mayo de 2017, en Culiacán, Sinaloa. Más de dos años después del asesinato, el juicio de este caso nacional ni siquiera ha llegado a la audiencia mediana.

“Cuando hay libertad de expresión hay prensa buena y mala”

Olmos subrayó una paradójica que se evidencia en México: “pareciera ser en los momentos más violentos que se puede hacer el mejor periodismo”. El buen periodismo, apuntó, hoy como ayer sigue siendo “una exigencia de la sociedad”.

“En un contexto donde no hay libertad de expresión, solo hay prensa mala, cuando hay libertad de expresión hay prensa buena y mala”, expresó Guilherme Canela, asesor regional de Comunicación e Información de la UNESCO.

En América Latina, con los niveles de violencia (México, Brasil, Colombia y Venezuela son responsables por un cuarto de los homicidios del planeta, recordó) no hay diferencia entre periodistas, militantes y defensores. En este contexto, el periodista tiene que hablar de violaciones de derechos de la niñez, feminicidios, desaparición de personas… sino no hace buen periodismo, afirmó Canela.

Un escenario más complejo

El asesor de la UNESCO destacó que la violencia contra los periodistas “se convirtió en un fenómeno mucho más complejo que hace unas décadas, cuando era concentrado en ciertas zonas de conflicto”, porque se multiplicaron los lugares y los victimarios. La violencia física se dobla de una violencia simbólica ejercida por actores institucionales, que descalifica a los periodistas y sirve como justificación de la violencia contra ellos.

Este fenómeno de la violencia – que toca no sólo a México, sino en toda la región de América Latina, que es la región del planeta “más peligrosa, pues concentra el 8 por ciento de la población mundial, pero el 35 por ciento de todos los homicidios” – requiere una respuesta más compleja, dijo Canela, basada en tres ejes: la prevención y capacitación para la autoprotección; mecanismos de protección en situación de emergencia (y no como base), y una procuración de justicia para luchar contra la impunidad.

También se tiene que promover el trabajo de investigación periodístico sobre la violencia contra periodistas, “investigar a los investigadores”, afirmó el experto de la ONU. “Hay que investigar políticas públicas”: no el crimen individualizado, sino el crimen organizado, insistió.

Que los 193 países de la ONU llegaron al consenso de incluir en la agenda de desarrollo la disminución de la violencia contra los periodistas en la agenda de desarrolló (el objetivo 16 de la Agenda 2030) es un “claro señal de la comunidad internacional”, que “no es cosa menor”, concluyó Canela.

El conversatorio se desempeñó en el marco Premio Breach / Valdez de Periodismo y Derechos Humanos y como evento previo al Seminario “Fortalecimiento de la cooperación regional para poner fin a la impunidad de los crímenes y ataques contra periodistas en América Latina”, en la Ciudad de México, el 7 de noviembre. El seminario se realiza con motivo del Día Internacional para Poner Fin a la Impunidad de los Crímenes contra Periodistas.