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Después de los sismos de 2017, falta información sobre estado de la niñez La falta de información sobre el estado de niñas, niños y adolescentes luego de un desastre natural no permite que se generen las condiciones para garantizar sus derechos.

18 de septiembre de 2019

Foto: UNICEF.

Dos años después de los sismos que afectaron principalmente a los estados mexicanos de Chiapas, Ciudad de México, Morelos, Oaxaca y Puebla, no conocemos la situación actual de niñas, niños y adolescentes que en ese momento fueron afectados, señaló hoy UNICEF, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

Tanto el gobierno de México como la sociedad civil han hecho esfuerzos importantes por apoyar y reconstruir, pero no hay información armonizada ni datos actualizados que muestren el estado de la infancia y adolescencia luego de los desastres naturales. Sin estos, no es posible crear una ruta estratégica de acción y existe la posibilidad que niñas y niños queden invisibilizados o en negligencia.

“Como hemos insistido desde que ocurrieron los sismos, sabemos que niños, niñas y adolescentes se vieron seriamente impactados debido a que su desarrollo físico, emocional y cognitivo los hace muy vulnerables en situaciones de emergencia, exponiéndolos a un impacto mayor que a los adultos, ya que no tienen los mismos mecanismos de supervivencia”, señaló Christian Skoog, Representante de UNICEF en México.

“No obstante, posterior al registro inicial de al menos 32 decesos de menores de 18 años y del daño a viviendas, escuelas, hospitales y centros de salud, no ha habido una actualización de la información oficial sobre problemas de salud asociados u otros fallecimientos, daños psicoemocionales, número de desplazados y sin techo o número de niños que quedaron fuera de la escuela por los sismos”.

Carecer de datos adecuados para determinar el estado de la infancia, en términos de bienestar, salud, educación y nutrición luego de un desastre natural, obstaculiza la generación de condiciones de vida que cumplan con sus derechos.

Por ejemplo, desconocer el estado de las escuelas dificulta el proceso de reparación de las mismas en caso necesario y vulnera, por ende, el derecho a la educación. Esto significa que puede que haya niñas y niños que o no tienen una escuela segura o simplemente no asisten a ella, lo cual reduce el aprendizaje y desarrollo de habilidades socioemocionales, que a su vez se traduce en menos oportunidades a futuro.

Los desastres y situaciones de emergencia afectan desproporcionadamente a la niñez y adolescencia porque pueden obligar a las familias a tomar decisiones como retirarlos de la escuela, reducir gastos vinculados a salud y alimentación o involucrarlos en trabajo infantil, entre otras.

“A partir de esta óptica, es importante garantizar la protección de la infancia y adolescencia desde múltiples dimensiones, tanto en la preparación ante posibles emergencias humanitarias como en respuesta a las mismas. Por ello, UNICEF recomienda poner en marcha programas de protección social que reconozcan la vulnerabilidad de la infancia y adolescencia ante desastres y garantizar su bienestar y el de sus familias”, insistió Skoog.

“Un país comprometido con los derechos de la infancia, y los derechos humanos en general, no puede esperar a que ocurra un desastre natural u otro tipo de emergencia para preparar su respuesta, por lo que, desde UNICEF, hacemos un llamado para continuar los esfuerzos de fortalecimiento del Programa para el Bienestar de las Personas en Emergencia Social o Natural, para que esté listo a operar en caso necesario y ofrecer un apoyo adecuado a cualquier familia afectada”.

Para un país como México, es necesario el desarrollo de un plan de acción contundente en caso de una nueva emergencia humanitaria de este tipo. Especialmente, se recomienda que al planear planes de contingencia no se incluya a niñas, niños y adolescentes en una respuesta generalizada, sino que se creen mecanismos especiales para atender sus necesidades específicas.

En ese sentido, UNICEF indica:

  • Después de los desastres, aumenta la violencia contra niñas, niños y adolescentes, por lo que es muy importante avisar inmediatamente a la procuraduría de protección correspondiente cuando se detecte un caso de violación a sus derechos.
  • Las comunidades deben estar preparadas para las emergencias, incluidos sus miembros más jóvenes, lo que supone contar con protocolos de gestión de riesgos en las escuelas y capacitar a maestros y administrativos.
  • Hay que proteger la lactancia materna antes y durante una situación de emergencia para asegurar la buena nutrición de los menores de dos años, y evitar la distribución de productos sucedáneos de la leche materna en la ayuda humanitaria, dada su efecto nocivo en relación a lo anterior.
  • Tras una emergencia, es vital asegurar la provisión de agua limpia y agua potable, el acceso a servicios de saneamiento y a artículos de higiene, así como el correcto uso de éstos para evitar enfermedades.

Para brindar apoyo inmediatamente después de los sismos, UNICEF desarrolló un plan de respuesta de septiembre a diciembre de 2017, el cual se enfocó en tres áreas prioritarias: protección de la niñez, por medio de esfuerzos para proteger a los niños y niñas contra la violencia, explotación y abuso en los albergues y espacios públicos que funcionaron como refugios temporales; educación, mediante la promoción de la continuidad educativa de los niños para una rápida reanudación de las clases, así como el impulso de iniciativas de abogacía para prevenir el abandono escolar; y agua, saneamiento e higiene, para garantizar el acceso a instalaciones adecuadas para el lavado de manos y saneamiento, así como a productos de higiene.