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Erradicación de la pobreza: ¿Un noble ideal o un objetivo alcanzable? Por Dr. Kanayo F. Nwanze, Presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA)

24 de noviembre de 2016

Foto: IFAD / Abate Damte

El primer Objetivo de Desarrollo Sostenible nos exige poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo para 2030, una meta y un plazo que pueden parecer ambiciosos pero que sin lugar a dudas tienen que serlo, ya que no podemos darnos el lujo de perder tiempo.

La pobreza está tan relacionada con el hambre, la migración, el desplazamiento forzoso, el conflicto y la degradación ambiental que priorizar su erradicación no solo es un deber moral y económico, sino también es esencial para abordar los problemas mundiales más urgentes de nuestros tiempos.

Para erradicar la pobreza, debemos centrar nuestra atención en las áreas rurales de los países en desarrollo, donde viven las tres cuartas partes de las personas más pobres y que padecen más hambre en todo el mundo.

Los ingresos de 2500 millones de personas en todo el mundo aún dependen directamente de pequeñas granjas rurales, y por esta razón es fundamental iniciar el desarrollo de la producción de los pequeños agricultores y facilitarles el acceso a los mercados.

En términos de pobreza, la difícil situación que se vive en el África Subsahariana es particularmente preocupante. Según el Banco Mundial, a pesar de que más de mil millones de personas  de todo el mundo lograron salir de la pobreza entre 1990 y 2012, la realidad es que en esa región la pobreza absoluta ha aumentado desde 1990. Se estima que 330 millones de personas viven por debajo de la línea de pobreza.

Es importante preguntarse por qué este continente no ha avanzado en su lucha contra la pobreza y qué se puede hacer al respecto.

Los recursos naturales extractivos representan las tres cuartas partes de las exportaciones totales del África Subsahariana, pero los miles de millones de dólares obtenidos a partir los ingresos han tenido un impacto muy limitado en la reducción de la pobreza.

En algunos casos, el apoyo a estas industrias se hace en detrimento de las inversiones en agricultura. Sin embargo,  varios estudios demuestran que el crecimiento agrícola es hasta 11 veces más efectivo en la reducción de la pobreza que el crecimiento de cualquier otro sector en la mencionada región africana.

No debemos menospreciar el potencial que tiene la agricultura para generar bienestar a millones de personas. De hecho, la agricultura es la principal fuente de trabajo en el mundo y brinda sustento a casi el 40 por ciento de la mano de obra actualmente activa a nivel mundial y el 60 por ciento en África.

El potencial desaprovechado en el continente africano es enorme;  posee el 25 por ciento de la tierra cultivable del mundo y la mitad de la tierra sin cultivar es apta para cosechar alimentos.

El crecimiento de la población africana es de 2.7 por ciento anual, lo que implica que la demanda de alimentos se duplicará cada 30 años. La agricultura podría generar desarrollo, mejorar la seguridad alimentaria y crear empleos en África para que la gente salga de la pobreza sin tener que abandonar las zonas rurales en busca de oportunidades.

Sin embargo, a pesar de contar con todo este potencial, desgraciadamente la agricultura no es una prioridad para muchos líderes africanos. En el 2003, los gobiernos africanos se comprometieron a asignar el 10 por ciento de los recursos presupuestarios nacionales a la agricultura y el desarrollo rural en un periodo de cinco años. Solamente 13 países habían cumplido con sus objetivos para el año 2012.

En vez de desarrollar su propio sector agrícola, el continente gasta cada año $35 000 millones de dólares en la importación de alimentos, dinero que podría invertirse en la creación de empleos nacionales, especialmente en las zonas rurales.

Con demasiada frecuencia, los líderes esperan que el simple crecimiento económico resulte en una reducción de la pobreza, pero uno no necesariamente lleva a la otra. El mes pasado, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) publicó el Informe de Desarrollo Rural 2016, que analiza el desarrollo rural, la transformación y la reducción de la pobreza de más de 60 países en desarrollo.

Uno de las principales conclusiones del estudio es que para erradicar la pobreza, son esenciales las políticas específicamente centradas en transformar las zonas rurales.

Estas políticas promueven mayor productividad agrícola y comercialización de los excedentes de producción, oportunidades de empleo fuera de las granjas y mejor acceso a servicios e infraestructura. Este tipo de políticas y opciones de inversión tienen que convertirse en una realidad, no se dan por sí solas.

La experiencia del FIDA durante casi cuatro décadas ha demostrado que cuando las personas que viven en zonas rurales tienen un acceso confiable a la tierra y a otros recursos naturales, a infraestructuras que funcionen, tecnología, financiación y mercados, tanto su sustento como sus comunidades prosperan, lo que a su vez contribuye significativamente al crecimiento económico.

Cuando comenzamos a ver a los pequeños agricultores como empresarios rurales y a sus granjas como negocios viables y rentables, se hace evidente lo importante que es invertir en la agricultura para garantizar que esos negocios prosperen.

El resultado: las zonas rurales se convierten en centros dinámicos de empleo y prosperidad, y los aproximadamente 600 millones de jóvenes que viven en los países en desarrollo y que estarán buscando empleo durante la próxima década no necesitarán mudarse a zonas urbanas u a otro país para encontrar oportunidades.

Por supuesto que lograr la erradicación de la pobreza no es sólo responsabilidad de los gobiernos. Se necesita que todos los involucrados (agricultores, inversionistas nacionales en toda la cadena de valor alimentaria, instituciones de investigación, agencias de desarrollo, instituciones educativas, entre otros) trabajen juntos por este objetivo común.

Con líderes visionarios, inversiones y políticas específicas, y un esfuerzo coordinado, la erradicación de la pobreza dejará de ser un noble ideal y pasará a ser alcanzable, pero debemos reconocer su urgencia y actuar ahora.

Traducción: Valeria Lara y María Romina Mascareño.
Publicado el 16 de octubre del 2016 en IPS