Notas

La Aldea Arcoíris, un lugar para volver a empezar Las personas refugiadas buscan ser autosuficientes y contribuir a las sociedades que les reciben

12 de julio de 2017

Foto: ONU México / Mónica Vázquez, Chiapas, 2017

El olor a vainilla inunda el espacio apenas te acercas al portón de la Aldea Arcoíris. Son las 10:30 de la mañana y las personas del taller de repostería se encuentran horneado galletas. En los salones aledaños se escucha el cuchicheo de la clase de estética, y el andar de las máquinas de coser del taller de corte y confección. En los salones del fondo jóvenes prestan atención a su maestro de contabilidad. Éste es un día normal en la Aldea Arcoíris. Un espacio paralelo al albergue Belén para migrantes y personas solicitantes de asilo en la ciudad de Tapachula. Arcoíris, es un programa innovador que brinda alojamiento a mujeres cabezas de familia con niñas y niños, además de servir como un centro de capacitación para el empleo para personas solicitantes de asilo, migrantes y población local.

Los cursos y talleres que se imparten en el centro de capacitación contribuyen a la preparación de las personas extranjeras que llegan a México para su integración social y económica, y amplían sus oportunidades laborales al desarrollar habilidades computacionales y contables, así como cultura de belleza, corte y confección, repostería y mantenimiento de aires acondicionados y refrigerantes.

Las tres o cuatro horas que hombres, mujeres y adolescentes solicitantes de asilo pasan en sus talleres son también un momento para distanciarse de las preocupaciones diarias. “Aquí nos sentimos tranquilas, como seres humanos” comenta Gloria*, originaria de El Salvador, mientras cose un pantalón en su clase de confección. Alicia, la maestra del taller, nos muestra con gusto los avances de sus alumnos y alumnas mientras menciona que las personas que se gradúan de la Aldea reciben un certificado validado por la Secretaría de Educación Pública, lo cual significa mucho para los refugiados que tienen que reconstruir sus vidas desde cero.

En los últimos años, se ha incrementado el número de familias del Norte de Centroamérica que buscan protección como refugiadas en México. A finales de 2016, las solicitudes de asilo habían aumentado en más de 1000% en relación con las solicitudes recibidas en 2011. Las personas refugiadas buscan ser autosuficientes y contribuir a las sociedades que les reciben.

El fundador de esta iniciativa es el Padre Flor María Rigoni, quien mantiene una estrecha relación con el ACNUR, y es director del albergue Belén desde 1998. El padre Flor posee un amplio conocimiento de la complejidad del contexto en las fronteras norte y sur del país, además de ser un actor clave en la zona, con más de 20 años de experiencia en la atención a personas migrantes, solicitantes de asilo y refugiadas. Para el padre Flor el apoyo brindado a través de estos espacios es sólo una pequeña muestra de solidaridad hacia una población que históricamente ha sufrido el impacto de la violencia, y un impulso para que retomen su camino.

“Ponle un muro enfrente a un migrante y se pondrá alas. No habrá muro que los detenga.”

Padre Flor María Rigoni