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La antropóloga que milita por el Patrimonio Mundial Conoce a Nuria Sanz, Directora y Representante de la Oficina en México de la UNESCO

30 de enero de 2017

Foto: UNESCO / México, 2016

Nuria Sanz es una experta en la cultura en todas sus expresiones. Desde pequeña se interesó en los libros, pero fue el ballet lo que le permitió desarrollar su disciplina personal y laboral.

Toda su carrera, desde la academia hasta las Naciones Unidas, pasando por el Consejo de Europa, se ha centrado en la promoción de la cultura y la protección del Patrimonio Mundial.
Antropóloga de formación, desde el 2013 inició su labor como Directora y Representante de la Oficina en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Originaria de Madrid, España, trabaja en la UNESCO desde el 2001. En la Sede – en París – fue la encargada del despacho para América Latina. Además, fue ella quien encabezó al equipo que impulsó la inclusión del Sistema Vial Andino – Qhapaq Ñan en la Lista del Patrimonio Mundial.

“El Qhapaq Ñan – Sistema Vial Andino es una obra arquitectónica monumental que encierra una gran diversidad geográfica, humana, cultural e histórica que enlaza nuestro pasado con el presente. Conocerlo es comprender gran parte de la historia peruana y la importancia de nuestra herencia andina”, explicó la UNESCO al anunciar la noticia en junio de 2014 durante la 38a Reunión del Comité del Patrimonio Mundial de la Organización.

Nuria Sanz recuerda ese momento con una gran alegría, puesto que por primera vez seis países – Perú, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia – se unieron para hacer una sola postulación de un sitio cultural como Patrimonio Mundial en la categoría de Itinerario Cultural transnacional.

“Para mí la cultura es el origen, el punto cero, y es la mejor forma de entendimiento y de hacer mi trabajo, es decir, la comprensión de esa diversidad cultura, el respeto y el valor que tiene la preservación de esa diferencia para conseguir el mejor entendimiento” son fundamentales, afirma.

Consejo de Europa

Según la madrileña, la falta de entendimiento cultural fue lo que llevó a Europa a la crisis que enfrentó en los años 90. En ese momento, Sanz trabajaba para el Consejo de Europa en temas culturales y asistió programas en Sarajevo, Bosnia Herzegovina y Kosovo.

“Una de mis principales escuelas en la vida fue la guerra de Kosovo. Entendí en el Consejo de Europa lo que significaba la identidad cultural como gran aventura de la identidad de los pueblos, pero también como gran desventura para la fragmentación de lo que se había consolidado con esa Europa conjunta”, dice.

“Lo que vimos en la década de los 90 no era más que destrucción y una imagen múltiple, fragmentada y dolorosa de lo que significó la falta de entendimiento entre pueblos e identidades milenarias”, agrega.

En sus primeros momentos como profesional en el ámbito multilateral, esta experiencia llevó a Nuria Sanz a confiar en ser parte de un equipo multicultural, lo cual ha sido fundamental en su trabajo, en su carrera y en su vida personal.

Hija de anarquistas intelectuales

Nuria Sanz lleva la cultura en la sangre, pues su familia, además de ser Republicana, fue parte del movimiento Anarquista intelectual que surgió en España a finales del siglo XIX.

Su abuelo fue una persona muy importante para la actual Representante de la UNESCO en México; fue él quien despertó su curiosidad cultural, le explicó la repercusión que tuvo la Guerra Civil española en su familia y le enseñó lo que era la ONU.

“En mi familia asimilábamos la ONU a una gran hecatombe que fue la Guerra Civil española. Mi abuelo nos explicaba que era una esperanza. Para nosotros las Naciones Unidas era una especie de escenario de esperanza”, recuerda.

“Mi abuelo era una persona que educó mi curiosidad y mi biblioteca inicial fue la de mi abuelo. Cuando no sabíamos una palabra, pues no íbamos a Google, íbamos a un enorme diccionario que nos había comprado mi abuelo y que tenía 200 tomos. Esa curiosidad al libro y el respeto al libro por ser una forma de ampliar mi conocimiento se la debo a él”, comenta Sanz.

Por lo tanto, fortalecer la cultura a través del libro fue muy importante para Nuria Sanz.

 

La académica

Licenciada en Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid y doctora en Prehistoria por la Universidad de la Sapienza en Italia, Sanz se desempeñó en el ámbito académico durante varios años antes de iniciar su carrera en cuestiones internacionales.

En la Universidad Complutense coordinó el Máster de Gestión Cultural: Patrimonio, Turismo y Ocio y Naturaleza, el primero en crearse en ese tema. La coordinación de este programa la llevó a iniciar su carrera internacional a finales de los años 90 pues, dado su reconocimiento en la material se le invitó a formar parte del Departamento de Patrimonio Cultural del Consejo de Europa.

Esta experiencia hizo posible su integración al equipo de la UNESCO en París, en el año 2001. Para Nuria Sanz, su primer día en la agencia de la ONU siempre permanecerá en su memoria, pues coincidió con Javier Pérez de Cuellar (quien fue Secretario General de las Naciones Unidas de 1982 a 1991) en un elevador.

“En ese momento era Embajador de Perú ante la UNESCO, pero para mí era la foto viviente de ese señor que había visto en mis libros que había sido el Secretario General de la ONU. Esto me marcó porque dije, en ese momento, que éste era el gran lugar de las oportunidades. Tanto fue así que tuve la gran suerte de desarrollar proyectos en Perú y trabajé de cerca con Pérez de Cuellar”, relata.

“Me enseñó a ver cuál es el papel de la diversidad cultural en la que confiaba plenamente. Pérez de Cuellar ha sido para nosotros una persona indiscutible del valor de la cooperación cultural y de la diplomacia cultural en toda su carrera”, añade.

Una madrileña en México

Americanista de convicción, Nuria Sanz descubrió en la UNESCO que su origen español era algo que se miraba con cierto grado de duda. Tenía que tener cuidado con ciertos aspectos en América Latina, pues el castellano que habla es diferente al de la región.

La Representante de la UNESCO conoce México muy bien. Desde hace más de 20 años trabaja con instituciones mexicanas.

“México es un país maravilloso que no merece estar en algunas de las páginas de los grandes diarios del mundo simplemente por temas que están focalizados en la violencia, el narcotráfico o en algunos aspectos que tienen que ver con las maneras en que no se atienden a algunos casos de derechos humanos”, señala.

“Este es un extraordinario país y es una suerte trabajar en él. Para nosotros como Agencia, tenemos dos propósitos. Entender cada día mejor un país extraordinariamente complejo en lo político, en lo cultural y extraordinariamente sofisticado en todo su sistema de gobierno. Queremos también que la oficina de UNESCO en México sea ese lugar desde donde también se dan buenas noticias. Queremos sacar al mundo el país para que luzca, brille y que se sepa lo maravilloso que existe en este país”, explica Sanz.

Amante de la cultura

En su vida personal, Nuria Sanz es una verdadera amante de la cultura. Durante 14 años bailó danza clásica, actividad que forjó su disciplina. Si bien ya no baila ballet, le gusta bailar. Le apasiona la música, el cine y la lectura.

“Cada vez que tengo que hacer una mudanza, los muchachos me preguntan: ‘¿En esta habitación cuantas cajas se necesitan?’ Les digo: ‘Necesito 100 cajas’. No tengo hijos, pero lo que tengo son 16 mil volúmenes que viajan conmigo por toda la geografía mundial”, dice riéndose.

Es también una entusiasta de las artes plásticas en todas sus formas, pero su afición es el arte rupestre. “Está prácticamente distribuido en todos los países del mundo y me hace sentir una conexión con lo que creo que fuimos hace dos millones de años”, indica.

Si bien no tiene hijos, Nuria Sanz tiene un plan para cuando se retire de la ONU: abrir una escuela para niñas.

“Ojalá pueda devolverles lo que las Naciones Unidas me dio a mí en términos de comprensión y respeto a la humanidad”, afirma.