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Los deseos de la niñez refugiada Piden a los Reyes Magos que su vida sea como lo era antes de ser perseguidos por las pandillas.

6 de enero de 2020

Foto: ACNUR.

Mónica Vázquez Ruiz

Dice la tradición que los Reyes Magos llegan por la noche del 5 de enero para cumplir los deseos de las niñas y los niños. En vísperas de su llegada, la niñez refugiada en México se prepara para festejar, romper las piñatas y recibir dulces. Los pequeños deben de escribir cartas a los tres Reyes para que les traigan los regalos que más anhelan. La mayoría pide juguetes, también piden una vida lejos de la violencia y cerca de su familia.

“Quisiera volver a casa, jugar con mis primos, ir a la escuela. Quisiera que todo fuera como antes”.

“Quisiera volver a casa, jugar con mis primos, ir a la escuela. Quisiera que todo fuera como antes”, pide Juan, de 9 años. Él salió de Honduras con su madre y hermana, los tres tuvieron que abandonar su hogar para evitar que las pandillas reclutaran a Juan. Primero se mudaron de casa, pero siguieron recibiendo amenazas por parte de los criminales, eran tantas que tuvieron que dejar el país y caminar hasta México. Para garantizar la seguridad de Juan, su madre decidió dejarlo todo y hoy buscan construir una vida en paz lejos de las pandillas. Tú puedes ayudarlos. 

30% de las personas solicitantes de asilo en México son niñas, niños y adolescentes. Al salir de su país, abandonan la escuela, pierden contacto con sus amigos y se distancian de sus familiares. Por su edad, ellas y ellos son muy vulnerables y están perdiendo su infancia.

“Quisiera volver a ver a mi papá, tener un abrazo de él”, pide Lucía, de 7 años, mientras sujeta un oso de peluche. La pequeña salió de casa huyendo de los crímenes en su colonia. “Mataron a mi esposo, porque no les dimos dinero”, platica Verónica la madre de la niña. La familia tenía un local en los portales de la ciudad, cada mes pagaban la renta y además daban un pago a la pandilla de la colonia para que los dejaran trabajar. Al no tener suficientes ventas, se atrasaron con el pago a las pandillas, quienes no dudaron en terminar con la vida del padre de Lucía. Aterrada, Verónica tomó a su hija en brazos y huyó a México.

Niños, niñas y adolescentes como Juan y Lucía no pueden regresar a sus países pues su vida correría peligro. Con tu ayuda, pueden construir una vida en armonía en un lugar seguro. Sé socio del ACNUR y ayuda a la niñez refugiada a reconstruir sus vidas.