Iniciativas conjuntas

Pequeños, pero increíbles actos de solidaridad Del miedo a la esperanza

11 de mayo de 2017

Foto: Andrea Boza, Join Together

“Bienvenido a casa”

Tres palabras simples, increíblemente poderosas. Para mí, estas palabras llevan calidez, familiaridad, el mar Mediterráneo y galletas de chocolate recién salidas del horno. Estas tres sencillas palabras pueden recordarme a mi comunidad. Pueden darme una sensación de seguridad. Ellas evocan que yo pertenezco.

Es difícil imaginar lo que es temer nunca volver a casa.

Y a pesar de lo afortunados que somos muchos de nosotros, hoy hay 65.3 millones de personas desplazadas forzosamente en el mundo. 21.3 millones son refugiados. Más de la mitad proviene de Somalia, Afganistán y Siria.

***

En repetidas ocasiones oímos en las noticias los esfuerzos de los grandes agentes, los que tienen un papel para influir en la política de una manera u otra, para facilitar la paz o estimular el conflicto. Muchos se han levantado, unidos por una humanidad compartida, y han respondido para aliviar el sufrimiento de quienes fueron forzados a huir. Sus acciones tienen un impacto increíble en las vidas de los refugiados y de los migrantes. También hacen historia estableciendo un precedente global para la acción empática.

En 2015, gracias a ellos, 107,100 refugiados fueron reasentados.

Sin embargo, me gustaría cambiar momentáneamente la lente de los grandes jugadores, a los que rara vez son el centro de atención. Estoy hablando de personas impulsadas por un profundo deseo de traer algo de luz a la realidad de otra persona. Sus acciones de la vida cotidiana son pequeñas, pero son significativos actos de solidaridad.

La acción legislativa inclusiva abre el camino hacia un futuro mejor para todas las personas desplazadas en el mundo, pero su éxito no se logra de manera aislada. La acción local es la clave para pasar de de casa, al hogar. Del miedo a la esperanza, para pertenecer.

Esta semana leí una historia increíble de un grupo de trabajadores en Lamborghini en Italia que ayudó a su colega, originalmente un emigrante de Senegal, a regresar a casa para el funeral de su hija. Cuando se enteraron de su incapacidad para cubrir su pasaje aéreo, inmediatamente coordinaron las acciones. En cuestión de horas se recaudaron 2.000 euros para cubrir su tarifa en un acto de bondad.

O el pediatra alemán Mathias Wenderborn, que fundó Refudocs, una práctica de guardia en Munich junto con otros setenta médicos, centrada en los refugiados, los solicitantes de asilo y sus hijos. Su objetivo es ayudar en el proceso de bienvenida; asegurando que sus necesidades de salud se cumplan después de su arduo viaje.

O la historia de Thuy Nguyen, un refugiado vietnamita reasentado en Canadá hace cuarenta años, que ahora patrocina y da la bienvenida a los refugiados sirios. Ella habla de “un sentido de responsabilidad social, (…) dar a otros que estaban en [su] posición.”

Estos pequeños actos de bondad no suelen ser recogidos por los medios masivos de comunicación, pero siguen siendo increíblemente relevantes e importantes. Ellos muestran los esfuerzos dirigidos y ejecutados localmente para dar la bienvenida y hacer que los recién llegados se sientan como en casa. Hablan en voz alta sobre la inclusión, la humanidad compartida y la compasión. Merecen ser compartidos y escuchados.

Al igual que Rabiaa, la costurera siria asentada en Antigonish, que de inmediato llegó a trabajar cuando el entrenador de hockey local le telefoneó pidiendo ayuda para coser las camisetas de su equipo. “Aunque esto es una cosa muy simple, estoy agradecido de que, de todas las personas, pude proporcionar esto a ellos”, dice Rabiaa. Su historia ofrece una ventana en el hermoso proceso de construcción de la comunidad y el deseo de aquellos que han sido reasentados a retornar el favor.

En Budapest, un grupo de voluntarios se dio cuenta de que un numeroso grupo de refugiados, muchos de los cuales eran niños, había sido bloqueado por autoridades afuera de la estación principal de trenes. En respuesta, organizaron una proyección de películas de Tom y Jerry para que todos los niños disfrutaran.

Acciones como éstas se extienden a través de sectores y áreas geográficas.

A menudo, la inclusión también va en línea con las empresas rentables. Como la start-up Eat Offbeat en Nueva York, fundada por Manal Kahi, empleando doce refugiados como chefs y compartiendo sus cocinas locales con los neoyorquinos. No sólo la compañía cocina deliciosa comida, sino que proporciona puestos de trabajo y lucha contra los prejuicios contra los refugiados.

Al otro lado del océano, CALM (Comme a la Maison), una iniciativa francesa, une a las personas refugiadas que buscan vivienda con las personas locales que están dispuestas a abrir sus hogares de 3 a 12 meses. El objetivo de la iniciativa es el proveer de enriquecimiento intercultural mutuo a través de la cohabitación, al mismo tiempo que se aborda una necesidad urgente de vivienda.

El poder de estas historias va mucho más allá de sus beneficiarios inmediatos. Ellos comparten un lado diferente de la retórica, en ocasiones negativa y prejuiciosa. Traen a la mesa el profundo deseo de que las personas se conecten y se ayuden unas a otras.

Con esto, espero compartir que cualquier esfuerzo hecho hacia una sociedad más inclusiva, no discriminatoria y respetuosa no pasa desapercibido. La necesidad de refugio transciende la cultura, geografía, lenguaje o existencia. Todas estas historias, aunque de alcance diferente, tienen un elemento común: encontrar un hogar en una tierra lejana.

***

Si estas historias te inspiraron a actuar o has oído hablar de alguien que dio la bienvenida a otras personas, te invitamos a escribir un post en Medium y compartirlo: #JoinTogether

También puedes enviarnos tu historia a together@un.org.

Publicado el 15 de febrero por Andrea Boza en: https://medium.com/join-together/sharing-small-stories-of-solidarity-87f62c41960d
Traducción: Laura M. Osorio A. y José Antonio Rodríguez Jamaica