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Ayoloco, el corazón de agua que dejó de latir en México

4 de junio de 2021

Foto: Cortesía de María Paula Martínez

En México, la desaparición de los glaciares es irreversible, como el Ayoloco que se encontraba en el volcán Iztaccíhuatl, uno de los más emblemáticos en la geografía de la región central del país.

Ciudad de México, 4 de junio de 2021 (CINU México) — Hay una palabra para nombrar el dolor y la tristeza que genera el cambio climático, el sentimiento de que el planeta en el que se vive y ama está bajo ataque, es la solastalgia. 

Fue este sentimiento el que experimentaron científicos y montañistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) cuando en 2018, las imágenes satelitales y fotografías aéreas que tomaban, les mostraron que no había más hielo que monitorear en la llamada “zona de la panza” del volcán Iztaccíhuatl: el glaciar Ayoloco, que se encontraba ahí, había muerto.

Tres años después, los mismos científicos que hicieron este descubrimiento volvieron a escalaron el volcán para colocar una placa conmemorativa a 4.626 metros sobre el nivel del mar, donde se encontraba el glaciar, con un mensaje dirigido a las generaciones futuras:

“Aquí existió el glaciar Ayoloco y retrocedió hasta desaparecer en 2018. En las próximas décadas los glaciares mexicanos desaparecerán irremediablemente. Esta placa es para dejar constancia de que sabíamos lo que estaba sucediendo y lo que era necesario hacer. Solo ustedes sabrán si lo hicimos”.

Una extinción anunciada

El Ayoloco se nutría desde el sistema de la barriga o la panza del volcán y bajaba hacia el occidente; era una masa blanca que se alcanzaba a distinguir desde la Ciudad de México. 

Hugo Delgado Granados, investigador del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM, ha observado desde hace años la rápida desaparición de las áreas glaciares en el volcán Iztaccíhuatl, que se aceleró de manera irreversible a partir de la década de 1980. 

El científico también formó parte del equipo de montañistas que en abril pasado escaló el volcán Iztaccíhuatl para colocar la placa que anuncia la muerte del glaciar.

“Los glaciares se declaran extintos cuando dejan de funcionar. En el área donde estaba el glaciar Ayoloco todavía hay masas de hielo pero ya no se comportan como masa de hielo glaciar. Eventualmente van a desaparecer pero como tal, el glaciar no existe”, dijo. 

 “Lo que nos estamos jugando es nuestra permanencia sobre la faz de la Tierra. Ese es el mensaje: la desaparición del glaciar Ayoloco es lamentable, es una tragedia”. 

El calentamiento global, producto de la actividad humana, ha logrado extinguir 8 de las 11 masas glaciares que existían en el volcán Iztaccíhuatl; solo quedan el sistema de la panza, el del pecho y uno muy pequeño, conocido como el suroriental.

El científico mexicano se mostró pesimista con respecto al destino de estos últimos glaciares, los cuales, dijo, se encuentran en una situación muy vulnerable y difícil y, lamentablemente, habrán de desaparecer también.  

“El que hayamos colocado esa placa es para llamar la atención: aquí había algo y desapareció de una manera muy rápida, y que no debió haber sido. Lo que nos está diciendo es que nosotros también podemos desaparecer”. 

El tema del Día Mundial del Medio Ambiente 2021 es la Restauración de los Ecosistemas, y será el marco para el lanzamiento del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP, por sus siglas en inglés) considera que la restauración de ecosistemas puede tomar muchas formas: plantar árboles, reverdecer ciudades, reintroducir especies silvestres en los jardines, cambiar la dieta o limpiar ríos y costas. Esta es la generación que puede hacer las paces con la naturaleza.

Función vital

Todos los glaciares tienen una función vital para las comunidades donde se encuentran y para el medio ambiente: además de escurrir a las lagunas, su agua se infiltra a los mantos acuíferos y los recarga; las masas de hielo, por su mismo color claro, reflejan la radiación solar, y ayudan a mantener el clima fresco.

El Ayoloco alimentaba las lagunas del volcán y en tiempos de sequía proveía de agua a los habitantes de la zona, perteneciente al municipio de Amecameca en el Estado de México.

En 2020, la Organización Meteorológica Mundial advirtió que el verano de ese año y sus altas temperaturas en el mundo, tuvieron un grave impacto sobre las capas de hielo y los glaciares. 

Entre julio y septiembre, se registraron temperaturas récord en el Ártico e incendios devastadores. Esto ocasionó el desprendimiento de la última plataforma de hielo que quedaba intacta en Canadá, y grandes pérdidas en los glaciares de la región de los Alpes, en Europa. 

“Estos eventos causan graves daños sobre los ecosistemas, aumentan el nivel del mar y amenazan la vida humana y la infraestructura”, alertó en su momento el organismo de las Naciones Unidas.

UNEP también ha advertido que el deshielo de los glaciares es uno de los efectos más visibles del cambio climático puesto que, a medida que las temperaturas del planeta aumenten, se irán perdiendo estos reservorios de agua dulce.

Un llamado a la acción

A pesar de que la pérdida de los glaciares en el mundo es irreversible, todavía hay acciones que se pueden tomar desde el ámbito gubernamental, colectivo e individual para reducir el avance del calentamiento global, llamó Delgado Granados. 

Por ejemplo, es necesario que los gobiernos propicien la reducción del uso de combustibles fósiles, que den incentivos fiscales para la compra de automóviles y vehículos híbridos y eléctricos, y que promuevan la producción de energías limpias con tecnologías como la geotermia, solar y eólica. 

Desde lo individual, ahorrar y cuidar el agua y la energía eléctrica, y reducir el uso de combustibles fósiles; en lo colectivo, es necesario ser ciudadanos participativos que exijan a sus autoridades cambios en sus políticas públicas destinados a reducir el calentamiento global. 

“Esto es una tarea de todos, es muy importante la acción del gobierno pero también de nosotros mismos: participando y exigiendo a las autoridades que hagan lo que deben hacer en este tipo de políticas”, dijo.

“Es poco humano, poco ético si ve uno esta situación no decirlo en voz alta, que pueda uno llamar la atención, decir: esto es lo que está pasando y tenemos que actuar todos”.

La leyenda de los volcanes

La palabra Iztaccíhuatl significa “mujer blanca” en referencia a la figura de la formación montañosa, que asemeja a una mujer dormida, y a la nieve que corona su cumbre. 

La leyenda cuenta que una princesa indígena murió de tristeza al creer que su amante, un valiente guerrero, había fallecido en combate; a su regreso, el guerrero tomó el cadáver de su novia y lo llevó a la cima de una montaña para esperar la muerte a su lado. Los dioses, compasivos, los transformaron en volcanes para que siempre estuvieran juntos: el Iztaccíhuatl, mujer blanca; y el Popocatépetl, montaña que humea. 

Durante décadas, los montañistas que se dedican a escalar y explorar el volcán de “la mujer dormida”, como también se le conoce, se han ubicado en él mediante referencias corporales. La zona donde se encontraba el glaciar Ayoloco, por ejemplo, era la de la panza.

Localizado a 93 kilómetros de la Ciudad de México, el volcán recibió su nombre del náhuatl, la más extendida de las lenguas originarias de los habitantes de la zona del Valle de México, y que tiene 1.5 millones de hablantes en todo el país. 

Del mismo idioma proviene el nombre del glaciar Ayoloco, un compuesto nahua que significa: “lugar del corazón del agua”.

Una pérdida irreparable

La montañista y directora de Literatura y Fomento a la Lectura de la Coordinación de Difusión Cultural, Anel Pérez Martínez, ha escalado el Iztaccíhuatl desde hace 12 años. Las primeras veces, contó, se requería cierta experticia y dominio técnico de las placas de picos, crampones, bastones y eventualmente del piolet. Al llegar al glaciar la vista toda era la blancura de la nieve y de la pureza del agua que los expedicionistas consumían de la misma nieve de la montaña, después de derretirla.

“Estar ahí ahora en una zona que es terregosa, arenosa, fría, seca… son emociones estremecedoras porque implica la ausencia del glaciar”, reflexionó. 

“Ayoloco significa el lugar del corazón del agua. Es dramático porque suena a un corazón que deja de latir, que deja de llevar, de circular el agua”.

GALERÍA

(Fotos: Cortesía de María Paula Martínez)

Científicos colocaron una placa de la desaparición del glaciar.

Científicos colocaron una placa de la desaparición del glaciar.

La desaparición de los glaciares en el Iztaccíhuatl es irreversible.

La desaparición de los glaciares en el Iztaccíhuatl es irreversible.

La desaparición de los glaciares en el Iztaccíhuatl es irreversible.

Los montañistas encontraron una zona terregosa, arenosa, fría, seca.

El Ayoloco se distinguía desde la Ciudad de México.

El Ayoloco se distinguía desde la Ciudad de México.

Científicos colocaron una placa de la desaparición del glaciar.

Glaciar Ayoloco

Científicos colocaron una placa de la desaparición del glaciar.