Biodiversidad y producción sustentable en Chiapas Un proyecto de PNUMA en colaboración con Conservation International y el Gobierno.
Foto: ONU México / Mónica Vázquez, El Ballenato, Chiapas, 2015.
El agua dulce es vital para el ser humano, para su consumo y la producción de alimento, pero también para el mantenimiento de la biodiversidad. Chiapas aporta más del 30% del agua dulce que utiliza el país, y es el hogar de especies como el quetzal, ocelote, puma, exóticas ranas y el águila crestada, así como de una gran variedad de flora que encuentra refugio en la humedad de sus bosques de niebla o el calor de su páramo tropical. Sin embargo, la región existe en un frágil equilibrio, la degradación de la región por causas naturales y humanas han conducido al deterioro de los ecosistemas.
La necesidad de contribuir a la conservación de la biodiversidad del sureste mexicano dio lugar al proyecto Ecosechas. Un esfuerzo de Conservation International, CONANP y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), junto con otras dependencias federales y estatales, para que los habitantes de las subcuencas que concurren con las reservas de la biosfera del Volcán Tacaná, La Sepultura, La Encrucijada, El Triunfo y con el Área de Protección de Recursos Naturales la Frailescana, se involucren en el buen manejo de la cuenca y los servicios ecosistémicos.
Cerca de 27,000 locales viven en y de las reservas naturales, del cultivo de café, nuez, cacao, miel, de la horticultura, el ecoturismo y de la pesca. Para asegurar que su producción sea sustentable, permitiendo un ingreso a la comunidad sin comprometer los recursos naturales; por un periodo de cuatro años el proyecto se enfocó en: generar conocimiento, fortalecer capacidades, impulsar políticas públicas, y fomentar la comercialización de productos. Así, las comunidades del área encontraron la mejor forma de cosechar, pescar responsablemente, administrarse e involucrarse en la toma de decisiones de su hogar.
En los cuatro años que operó Ecosechas se logró el fortalecimiento de pequeños grupos productores, la adopción de prácticas sustentables, el establecimiento de una metodología básica para el monitoreo de la biodiversidad, y el trabajo conjunto de tres niveles de gobierno. Más importante aún es que se logró un cambio de perspectivas, “hemos entendido que cuidar los recursos naturales es el mejor camino para nuestra sobrevivencia, la tala, la contaminación y la pesca ilegal nos está dañando”, nos comentó la representante de la cooperativa de pesca sustentable de la reserva La Encrucijada. La comunidad ha aprendido a trabajar en conjunto y realizar sus actividades en armonía con el medio ambiente. Sumado a esto ha tenido la oportunidad de apreciar el valor de sus productos, así como el impacto positivo de sus acciones. El empoderamiento de los pequeños productores, acompañado de un claro entendimiento de la importancia de los servicios ecosistémicos y el trabajo conjunto, hacen posible que el agua y la riqueza natural de México perdure.
Para mayor información visita: http://site.cinu.mx/docsonu/PNUMA/pnuma_6.pdf