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Con los compromisos actuales de los países, el mundo se encamina a la catástrofe climática

26 de octubre de 2021

Foto: UN Photo/Eskinder Debebe

El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, dió la voz de alarma al señalar que la temperatura global del mundo podría alcanzar los 2.7 grados centígrados, inclusive si los países materializan los cambios en política pública que han anunciado.

Nueva York, 26 de octubre de 2021 (ONU) — A menos de una semana del arranque de la COP 26 en Glasgow, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, dio nuevamente la voz de alarma al señalar que  las partes del Acuerdo de París están fracasando rotundamente en lograr el objetivo de mantener el aumento de temperatura global en 1.5 grados centígrados para 2030.  

La era de las promesas huecas de los países debe terminar, advirtió. 

El más reciente informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) ya demostró que, a menos que para 2030 reduzcamos las emisiones mundiales de carbono en un 45% respecto a los niveles alcanzados en 2010 -es decir, dentro de 100 meses-, no alcanzaremos la meta de 1.5 grados especificada en el Acuerdo de París. 

El Informe sobre la Brecha de Emisiones de 2021, que Gutierres presentó esta mañana, muestra que, con las actuales Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional y otros compromisos firmes que han asumido los países, el planeta se encamina a lograr un aumento catastrófico de la temperatura global, hasta llegar a los 2.7 grados centígrados.   

“Estos anuncios se refieren esencialmente a 2050, por lo que no está claro cómo se materializarán, pero incluso si estos anuncios recientes se materializaran, todavía estaríamos claramente por encima de los 2 grados Celsius”, dijo. 

“Como dice el título del informe de este año: El calor está en marcha”.

Guterres pidió a los líderes que asistirán a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) en Glasgow, que acudan con planes audaces, plazos y planes de trabajo específicos para alcanzar el nivel cero en la emisión de gases contaminantes.

Al delinear la ruta para lograr esta meta, mencionó un plan de acción de 6 puntos que deberían seguir los países para mantener vigentes las metas del Acuerdo de París: descarbonizar todos los sectores, desde la energía hasta el transporte, la agricultura y la silvicultura; eliminar gradualmente el carbón -para 2030 en los países de la OCDE y para 2040 en todos los demás- y poner fin a todas las inversiones en carbón, públicas y privadas, nacionales e internacionales; eliminar las subvenciones a los combustibles fósiles y a las industrias contaminantes.

Así como fijar un precio al carbono y destinar su producto a la creación de empleos verdes; lograr una meta mundial de cuando menos 100 mil millones de dólares al año, para financiamiento climático; lograr un equilibrio entre la adaptación y la mitigación, esto representa un llamado llamado a los donantes y a los bancos multilaterales de desarrollo para que destinen al menos el 50% de los créditos al clima a la adaptación y la resiliencia.

El tiempo corre. El déficit de emisiones es el resultado de un déficit de liderazgo. Pero los líderes aún pueden hacer que esto sea un punto de inflexión hacia un futuro más verde en lugar de un punto de inflexión hacia la catástrofe climática.  La era de las medias tintas y las promesas huecas debe terminar.  El momento de cerrar la brecha de liderazgo debe comenzar en Glasgow”. 

Señaló que no basta lograr la meta de 100 mil millones de dólares anuales en financiamiento climático, también es necesario movilizar más recursos de los bancos multilaterales de desarrollo y del sector privado; que estas se basen más en subvenciones que en préstamos; y que haya un equilibrio efectivo entre adaptación y mitigación. 

Al recordar que los países que conforman el G20 representan 80% de las emisiones contaminantes generadas en todo el mundo, señaló que la presencia de todos los países integrantes de este grupo es “muy importante”.

Advirtió que si no hay una reducción significativa de las emisiones en la próxima década, habremos perdido para siempre la posibilidad de alcanzar 1.5 grados. 

“Existe un principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas según las capacidades nacionales, lo que significa que el liderazgo debe venir de los países desarrollados, pero el nivel de emisiones de las economías emergentes es tal que también necesitamos que éstas hagan un esfuerzo adicional. Sólo si todo el mundo hace el máximo, será posible conseguirlo”, dijo. 

Recordó que el cambio climático es un importante acelerador ded la migración, puesto que en algunas situaciones algunas regiones del mundo simplemente dejan de ser habitables lo que empuja a las personas a marcharse de ellas porque no tienen condiciones para sobrevivir. 

La desertificación está avanzando en muchas regiones. Por otra parte, los hábitats de varias especies se están viendo afectados, y la falta de recursos están obligando a las personas a dejar sus lugares de origen, porque no pueden encontrar oportunidades, e  incluso, a veces, las condiciones mínimas. La seguridad alimentaria, en particular se está viendo afectada.

Además, el cambio climático acelera otros factores, como la reducción de recursos, que pueden ocasionar otra serie de conflictos.

“Cuando los recursos disminuyen, el agua se vuelve más escasa, y tienden a entrar en conflicto. Y así, el cambio climático, de nuevo, es un acelerador del conflicto. No es la única causa, pero es un acelerador del conflicto, y el conflicto impulsa el desplazamiento. Así que para mí está claro que el cambio climático es hoy uno de los factores más importantes en la aceleración de los movimientos migratorios”, dijo. 

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