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COP 26: ¿Por qué invertir en la adaptación al cambio climático?

1 de noviembre de 2021

Foto: FIDA

Roma, 1 de noviembre de 2021 (FIDA) – A principios de este año, se publicó la primera parte del Sexto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).

En él, se confirmó lo que muchos llevaban tanto tiempo diciendo: el cambio climático causado por el ser humano es una realidad. Algunos de sus efectos ya son irreversibles y otros se producirán inevitablemente en el futuro. Se espera que el calentamiento global alcance los 1,5 ºC en los próximos 20 años.

Muchas personas de todo el mundo —en especial los pequeños productores agrícolas— ya están sufriendo fenómenos meteorológicos más extremos y con más frecuencia.

En vista de que los líderes mundiales se reunirán próximamente con ocasión de la 26.ª Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 26, en inglés), la cumbre mundial sobre el cambio climático, hemos seleccionado algunas de las preguntas más recurrentes en torno a cómo y por qué es preciso ayudar a los habitantes más pobres de las zonas rurales de todo el mundo a adaptarse al cambio climático.

¿Por qué los productores en pequeña escala deben adaptarse a los efectos del cambio climático?

A causa del cambio climático, está cambiando hasta el propio funcionamiento de los sistemas agrícolas. El rendimiento de los cultivos está disminuyendo, se están modificando las temporadas de cultivo y cada vez hay menos recursos de agua dulce disponibles.

Los fenómenos meteorológicos extremos, como las tormentas y las sequías, arrasan con los cultivos, matan al ganado y destruyen la infraestructura. Se espera que, para 2050, el cambio climático reduzca entre un 50 % y un 90 % los rendimientos de los cultivos básicos en África Meridional. La población va en aumento, al tiempo que la desertificación provoca que las tierras cultivables disminuyan. En el Sahel, el avance del desierto absorbe millones de hectáreas de tierras cada año.

Esto resulta devastador para los productores en pequeña escala, ya que no disponen de los recursos necesarios para compensar esos efectos y adaptarse a ellos. Esto conduce a situaciones de hambre y pobreza, disturbios civiles y conflictos, y lleva a las personas a migrar a otros lugares en busca de una vida mejor.

¿No es mejor mitigar el cambio climático en lugar de adaptarse a sus efectos?

Es fundamental adoptar medidas de mitigación y reducir de inmediato las emisiones de gases de efecto invernadero. En caso contrario, el mundo se arriesga a experimentar un cambio climático sin control, lo que tan solo incrementaría la necesidad y el costo de las medidas de adaptación a largo plazo.

Sin embargo, las personas más vulnerables del mundo ya están sufriendo los efectos del cambio climático. Por ejemplo, en la región arrocera de las haor, en Bangladesh, se están produciendo inundaciones repentinas y devastadoras cada vez más frecuentes, que arrasan con los cultivos y el ganado.

En la actualidad, es tan importante invertir en medidas de adaptación como de mitigación, para que no se echen a perder los avances logrados a nivel mundial en lo que respecta a la salud y el bienestar de las personas. Esto también es esencial para garantizar la seguridad de los sistemas alimentarios de todo el mundo.

Se trata de una cuestión de justicia climática de conseguir que las personas más vulnerables, las más expuestas al cambio climático, ocupen un papel central en las medidas de acción por el clima.

Para los países en desarrollo, donde residen la mayoría de los productores en pequeña escala, es hora de adoptar una nueva estrategia: ayudar a los más vulnerables a adaptarse a los efectos inevitables del cambio climático.

¿Cómo se pueden respaldar a nivel mundial las iniciativas de adaptación al cambio climático?

La COP 26 representa una oportunidad mundial para reflexionar sobre la manera de contribuir a la adaptación de las personas más vulnerables.

En primer lugar, es preciso suplir el déficit de financiación. Para adaptarse, los países en desarrollo necesitarán entre USD 180 000 millones y USD 300 000 millones cada año de aquí a 2030. Sin embargo, sigue sin haberse alcanzado el objetivo de que los países desarrollados aportaran para 2020 un total de USD 100 000 millones cada año en concepto de financiación para el clima. Tan solo el 1,7 % de la financiación para el clima se destina a los productores en pequeña escala de los países en desarrollo, lo cual, por desgracia, resulta insuficiente.

En segundo lugar, hay que ponerse de acuerdo en torno a qué implica la adaptación y a la manera de medir los avances.

En tercer lugar, las empresas deben aumentar la eficacia de sus inversiones en medio ambiente, cuestiones sociales y gobernanza, que en la actualidad ascienden a unos USD 40 billones, vinculándolas con resultados reales, para así dar cuenta del verdadero costo de la producción.

Debemos recabar pruebas empíricas sobre las soluciones que funcionan y la manera en que lo hacen, y sobre aquellas personas o elementos que quedan al margen. Los ejercicios de prueba y error son fundamentales para innovar, pero es necesario disponer de mecanismos de financiación audaces, así como aceptar que el éxito siempre irá precedido de fracasos.

¿Pueden superponerse las medidas de adaptación y mitigación?

Sí, la adaptación también puede conllevar beneficios en materia de mitigación. En otras palabras, ayudar a los productores en pequeña escala a adaptarse también puede contribuir a mitigar los efectos del cambio climático. Si bien cerca del 95% de las explotaciones agrícolas de todo el mundo tienen menos de 5 hectáreas, juntas representan una quinta parte de las tierras cultivables de todo el planeta. A nivel colectivo, pueden contribuir de manera considerable a mitigar los efectos del cambio climático.

Gracias al uso de técnicas agroforestales y fertilizantes orgánicos, los agricultores pueden secuestrar carbono. Las prácticas de riego que ahorran agua ayudan a conservar el carbono orgánico del suelo. Las soluciones basadas en la naturaleza y la agroecología promueven la biodiversidad, al tiempo que secuestran carbono y fomentan la resiliencia. Por ejemplo, en el Níger, gracias a la restauración de las tierras se aumentó el rendimiento de las zonas de regadío en un 40 % y las emisiones de dióxido de carbono se redujeron en aproximadamente 1,2 toneladas de CO2 por hectárea cada año.

¿Qué hace el FIDA realmente para ayudar a los productores en pequeña escala a adaptarse?

En el FIDA, ayudamos a los encargados de formular políticas y a las instituciones agrícolas a respaldar a los pequeños productores y a basar sus inversiones en información de alta calidad sobre los riesgos climáticos. Documentamos las enseñanzas extraídas en materia de agricultura resiliente al cambio climático para que otros puedan aprender de ellas.

Invertimos en empoderar a las mujeres, y velamos por que los productores en pequeña escala participen en los procesos de toma de decisiones. Promovemos oportunidades para los jóvenes del medio rural y trabajamos con los pueblos indígenas para que ocupen un papel central en la transformación ecológica de los sistemas alimentarios.

Los productores en pequeña escala, quienes cultivan y elaboran los alimentos que comemos, tratan de ganarse la vida al tiempo que lidian con la peor parte de los efectos del cambio climático. Nuestra esperanza mundial de lograr un futuro sostenible, equitativo y más verde, en el que alcancemos nuestros objetivos climáticos y de desarrollo, pasa por ayudarlos a adaptarse. Gracias a su singular mandato, el FIDA se ha convertido en un referente en el ámbito de la adaptación al cambio climático.

 

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