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Crece el mapa de motivaciones para automedicarse

4 de marzo de 2021

Foto: OPS

En algunas sociedades, la automedicación con antibióticos y otros antimicrobianos es una costumbre muy arraigada, y va en crecimiento continuo, desplazando en ocasiones la consulta médica.

“Una consecuencia global del abuso y mal uso de estos medicamentos en diferentes ámbitos, como en la reproducción animal y en automedicación humana, ha sido, sin duda, la resistencia microbiana”, señala el doctor Andrés M. Pérez-Acosta, PhD., profesor titular del programa de Psicología, de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario, en Colombia y responsable del Observatorio del Comportamiento de Automedicación.

En ese sentido, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y otros organismos tienen una posición clara frente a esta problemática, manifestándose públicamente con respecto a este tema e “invitándonos a que por todos los medios promovamos el uso adecuado de los antibióticos”.

Y es que, pese a la prohibición de venta sin fórmula médica, diversos estudios han encontrado que esto no se cumple, y que hasta en un 80% de casos es posible adquirir antibióticos en farmacias, sin receta o, peor aún, son recetados allí o son recomendados por familiares, amigos y compañeros de trabajo.

Esas ventas sin receta revelan deficiencias en la reglamentación y la supervisión de estos medicamentos, a los que se suman, “la proliferación de antimicrobianos falsificados, malas prácticas de prescripción y la inobservancia de los tratamientos por parte de los pacientes”, como precisa el documento ‘No podemos esperar: asegurar el futuro contra las infecciones farmacorresistentes’ (informe para el Secretario General de las Naciones Unidas, de abril de 2019).

Más y más excusas

El Observatorio del Comportamiento de la Automedicación define la automedicación como “un comportamiento individual de consumo, consistente en la autoadministración, o administración a otros individuos, de medicamentos (en el más amplio espectro, incluyendo productos naturales) por fuera de la prescripción, o alterando la prescripción, con la función original de autocuidado de la salud u otras diferentes.

En el editorial de la revista Ciencias de la Salud, órgano oficial de difusión de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario, los doctores Carlos A. Calderón, Franklin Soler y Andrés Acosta, explican cómo el comportamiento de la automedicación “puede ocurrir dentro del contexto de la prescripción o fuera de este. En el primer caso, implicaría cambios en las dosis prescritas por el profesional o la interrupción o prolongación del tratamiento médico. En el segundo, el consumo de medicamentos o el uso de tratamientos sin la prescripción, seguimiento y acompañamiento de un profesional de la salud facultado para ello”.

Esto trae como consecuencia riesgos de intoxicaciones en los pacientes, interacciones negativas con otros medicamentos, por ejemplo, para el manejo de enfermedades crónicas como la hipertensión o la diabetes; efectos secundarios graves e, incluso, la muerte, y en el caso de los antimicrobianos, además, la generación de resistencia, lo que conlleva una reducción drástica de opciones terapéuticas para tratar diversas infecciones.

Lamentablemente, como explica el doctor Andrés M. Pérez-Acosta, PhD., hay un mapa de motivaciones cada vez más variado y amplio para automedicarse, no solo con antibióticos, que aún se está explorando y analizando a profundidad, y que debe ser intervenido a partir de una combinación de estragias que involucran al Estado, a los pacientes y sus agremiaciones, a la industria farmacéutica y a la academia, dado que es un tema complejo que abarca a toda la población

Los motivos para automedicarse son de gran interés para el Observatorio de la Universidad del Rosario e incluyen:

– Cuidar la salud. Es un motivo original y clave, con un espectro muy amplio y que va desde prevenir un dolor o reducir su intensidad hasta el tratamiento de una enfermedad específica.

– Rendimiento físico o cognitivo mediante la figura de dopaje. Puede ser utilizada por deportistas de alto rendimiento o por quienes se ejercitan de forma recreativa, y por estudiantes que ‘esperan’ rendir más en sus exámenes y tareas académicas.

– Evasión y diversión. Este uso recreativo varía socialmente de unas culturas a otras. Se refleja en eventos como las fiestas, en donde se puede abusar de sustancias que originalmente son medicamentos, algunos de ellos de uso psiquiátrico. Se han puesto de moda en las llamadas farmacofiestas juveniles.

– Cosmética. Se acude a ciertos medicamentos (vía oral, inyectada o tópica) para modificar la imagen corporal, y se ha relacionado con algunos sectores del mundo artístico y  el modelaje, tanto en hombres como en mujeres.

– Usos criminales. Actualmente, el doctor Pérez y una colega, experta en psicología jurídica y forense, exploran este tema y han encontrado casos de personas que se automedican para desinhibirse y delinquir o que automedican a sus víctimas para reducirlas.

– Terminación de la vida: aborto, suicidio, eutanasia.

– Pandemia por la COVID-19. En el año 2020 se incrementó de forma alarmante la automedicación dada la ‘urgente’ necesidad de prevenir el contagio por el virus SARS-CoV-2 que causa la COVID-19.

Entre los medicamentos más empleados se describen antibióticos como los macrólidos (Azitromicina) y fluoroquinolonas (Ciprofloxacina). Al respecto, las Sociedades Científicas han alertado sobre el impacto del uso indiscriminado de estas moléculas en la resistencia antimicrobiana, en patógenos como la N. gonorrhoeae y el Streptococcus pneumoniae. Adicionalmente, estos medicamentos mal utilizados pueden ocasionar efectos secundarios como arritmia cardiaca.

Por eso mismo, la OMS ha sido enfática en pronunciarse frente a este tema y no recomienda la automedicación, en particular con antibióticos, para prevenir o tratar la COVID-19. También, la Asociación Colombiana de Infectología (ACIN) y el Ministerio de Salud y Protección Social han emitido comunicados en los que desaconsejan el uso de ciertos medicamentos para combatir la COVID-19, apalancados en estudios internacionales.

manos llenas de pastillas medicinales

Recomendaciones desde el Observatorio

  1. En general, es importante que el público tenga una mejor información sobre qué es un antibiótico y qué es el fenómeno de la resistencia microbiana, al cual puede contribuir con el consumo inadecuado de antibióticos.
  2. Los antibióticos no son, o al menos no deben ser, medicamentos de venta libre, sino siempre prescritos por un médico para combatir cuadros infecciosos originados por bacterias (no por virus).
  3. Es frecuente que las personas decidan tomar antibióticos para combatir virus (por ejemplo, algún tipo de gripe o la misma COVID-19) y esta no es la indicación para cuadros virales.
  4. Es muy importante seguir con atención y de manera completa la prescripción médica de los medicamentos, en especial de los antibióticos: en la cantidad, dosis y el tiempo de tratamiento que aparecen en la receta (ni más, ni menos).
  5. El abuso de antibióticos, tanto por automedicación como por uso masivo en crianza de animales de producción es otro tema que debe priorizarse, porque está contribuyendo al fenómeno global de la resistencia antimicrobiana y, por lo tanto, a que los antibióticos sirvan cada vez menos para eliminar las bacterias. Muy importante que se esté trabajando de manera intersectorial en este tema.