Notas

El plástico es una amenaza para los océanos que llega a las costas de México

8 de junio de 2020

Foto: Menos-Plástico-es-Fantástico-A.C

El tipo de microplásticos conocidos como nurdlespellets o lágrimas de sirena aparecen en el paraíso Caribe de Mahahual, en Quintana Roo, México. Se trata de pequeños fragmentos de resina plástica que se funden para crear productos más grandes como botellas y que representan un grave peligro para la fauna marina y potencialmente los seres humanos. En el Día Mundial de los Océanos resaltamos el trabajo de un grupo de activistas liderados por una mujer que intentan identificar su procedencia, y luchan para crear conciencia dentro de su comunidad.

Mahahual es un pequeño pueblo de pescadores ubicado a menos de 2 horas de la ciudad de Chetumal, en el estado de Quintana Roo, en México. Sus aguas cristalinas de color turquesa cada vez atraen más visitantes de todo el mundo, así como el atolón más grande del país, una isla coralina oceánica protegida que alberga una gran diversidad de especies de flora y fauna marina.

Se trata del último rincón de la parte mexicana del arrecife mesoamericano libre de la enfermedad del Síndrome Blanco, pero donde la riqueza natural, como ha sucedido en otras ciudades turísticas del estado como Cancún, Playa del Carmen y Tulum, se encuentra cada vez más amenazada por la mala gestión de residuos, y sobre todo, por el gran enemigo transparente: el plástico.

“Mahahual cuenta con dos problemáticas, una del consumo que hacemos a nivel local y turísticamente del plástico, y el otro, el que nos llega a través de la corriente marina”, explica Ana Antillanca, la fundadora de la asociación civil sin fines de lucro Menos Plástico es Fantástico.

“Queríamos hacer un estudio e invitamos a esas personas y nos capacitamos, y en ese estudio descubrimos los famosos y no tan famosos nurdles, pellets o lágrimas de sirena. Son pequeñas bolitas muy chiquitas, que realmente las encuentras solo haciendo el estudio de microplásticos menores de 5 milímetros en la arena”, asegura Antillanca.

En 2017, un estudio apoyado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, alertó sobre la detección de este tipo específico de microplásticos en los océanos, que son pequeños fragmentos de resina plástica que se funden para crear productos más grandes. Se trata de la forma más común en que el plástico es enviado a las compañías antes de su fabricación.

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