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“Huyo del padre de mis hijos” Mi esposo violó a mi hija, en ese momento, supe que teníamos que huir de inmediato.

6 de diciembre de 2019

Foto: ACNUR.

Por: Mónica Vázquez Ruiz

Cada vez que Laura* recuerda el día de su boda, siente que se le oprime el pecho y se le corta la respiración. Ella conoció a su expareja hace siete años, desde entonces sufrió agresiones. La situación fue insostenible cuando su hija y familia más cercana también fueron víctimas de la violencia. Entonces tuvo que huir de su casa y finalmente del país para salvar su vida. “Huyo del padre de mis hijos. Él siempre me insultó, pero yo lo pasaba por alto. Después comenzaron los empujones, golpes y amenazas de muerte”, recuerda Laura con dolor.

“Mi esposo violó a mi hija, en ese momento, supe que teníamos que huir de inmediato”.

Huir de casa y de su país es la única solución para miles de mujeres y niñas que son sobrevivientes de la violencia de género. Ellas huyen de sus persecutores y para encontrar un lugar seguro donde vivir, abandonan Centroamérica y otras regiones del mundo. “Mi esposo violó a mi hija, en ese momento, supe que teníamos que huir de inmediato”, cuenta Laura recordando que ese mismo día vendió las pocas pertenencias que tenía, empacó una maleta con dos cambios de ropa de sus hijos y se salió de casa, “tomé a cada niño de la mano y cargué en hombros una mochila. Esa noche le pedí a mi hermana que nos dejara dormir en su casa”.  Da clic y envía ayuda a las mujeres y niñas refugiadas. 

Las niñas también son víctimas de la violencia de género desde casa y tienen que huir para salvar su vida.

Las niñas también son víctimas de la violencia de género desde casa y tienen que huir para salvar su vida.   © Foto de Archivo ACNUR

Laura decidió poner una demanda en contra de su esposo, en ese momento, iniciaron las amenazas de muerte contra ella y su pequeña hija. “Nos vigilaban coches fuera de la casa de mis familiares, del miedo, dejé de salir a la calle”, platica Laura. Cada vez se sentía más intimidada, incluso le enviaban notas amenazándola de secuestrar a su hija. Ella jamás pensó que esto sucedería, “un día fui por la niña a la escuela y me dijeron que su padre se la había llevado. En ese momento, se me vino el mundo encima”.

“Un día fui por la niña a la escuela y me dijeron que su padre se la había llevado. En ese momento, se me vino el mundo encima”.

Laura acudió con la policía, esta vez para recuperar a su hija. En cuanto lo logró, salió huyendo del país. Su hermana la abrazó y le pidió que por su bien y el de la niña, jamás volvieran. Laura y sus dos hijos abandonaron su país sin mirar atrás. Ahora son solicitantes de la condición de refugiado en México donde esperan poder rehacer sus vidas.

En Centroamérica, su familia sigue recibiendo amenazas de muerte y aún son intimidados por automóviles que se estacionen frente a su casa, pero se rehúsan a hablar del paradero de Laura y sus hijos. En México, Laura intenta superar los años de abusos por parte de su pareja, retumban en su mente las palabras de su hija: “te odio por darme un padre violador”. Ella anhela obtener la condición de refugiado para vivir lejos de su agresor y algún día, junto a sus hijos, poder retomar sus vidas.