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La participación laboral de la mujer en México

8 de diciembre de 2020

Foto: Naciones Unidas

*Informe del Banco Mundial

La participación laboral de la mujer está muy por debajo de la de los hombres y es baja en comparación con otros países, causando impactos económicos importantes. La participación laboral de las mujeres fue tan solo 45 por ciento en 2019, comparado con 77 por ciento para los hombres, una brecha de 32 por ciento.

Solo Turquía e Italia tienen menor participación laboral de la mujer en la OCDE, y en la región solo Guatemala tiene menor participación que México. Esto tiene impactos económicos importantes.

Si las mujeres participaran a la misma tasa que los hombres, el ingreso per cápita sería 22 por ciento más alto, mucho más de lo que se ve en otros países de la OCDE. Más aún, si México pudiera implementar políticas para aumentar la tasa de participación laboral en 0.6 puntos porcentuales al año (en línea con lo observado en España, Irlanda y Chile), esto contribuiría a la eliminación de la brecha de género en la participación laboral, y llevaría a un crecimiento económico de 0.4 por ciento anual.

¿Qué explica las bajas tasas de participación femenina en la fuerza laboral? Se pueden dividir las principales barreras a la participación laboral de las mujeres entre las que afectan la demanda de mujeres trabajadoras y las que afectan la oferta de trabajo por parte de las mujeres. Por el lado de la demanda, tanto la actividad económica, como los reglamentos laborales pueden ser barreras importantes a la demanda de mujeres trabajadoras.

En México, la participación laboral de las mujeres es mayor en zonas urbanas y en las zonas donde los salarios son más altos. Asimismo, perduran barreras legales pues la ley no prohíbe explícitamente que los potenciales empleadores pregunten sobre la situación familiar de una mujer durante el proceso de contratación y si bien la ley exige el pago de un salario igual por un trabajo igual, no establece el principio más amplio de igualdad de remuneración para hombres y mujeres por un trabajo de igual valor.

Por el lado de la oferta laboral, tanto las características individuales como la falta de acceso a insumos productivos pueden ser obstáculos a la participación laboral. Sin embargo, la barrera más importante a la oferta laboral de las mujeres es la necesidad de proveer cuidados y la falta de confianza en los servicios de cuidado infantil. De igual manera, las normas sociales y de género junto a bajas expectativas con respecto a construir una carrera laboral, pueden ser importantes barreras a la participación laboral.

Por tanto, este estudio se concentra en los servicios de cuidado infantil como principal barrera a la participación laboral de la mujer. Si bien las mujeres solteras y aquellas con hijos mayores tienden a participar más, la decisión de trabajar cambia sustancialmente después del matrimonio y la maternidad. Por un lado, la falta de confianza en los servicios de cuidado infantil es reportada como la razón más importante para la decisión de no trabajar. Por otro lado, el uso de servicios de cuidado infantil en México es bajo debido a limitaciones de demanda y oferta; sólo el 5 por ciento de los niños entre 0 y 2 años asiste a guarderías, comparado con el 35 por ciento en la OCDE. De esta forma, una parte importante de este estudio incluye un análisis de oferta y demanda de servicios de cuidado.

Por una parte, la oferta institucional de los servicios de cuidado infantil tiene una cobertura limitada, está fragmentada y es heterogénea, con presencia de múltiples proveedores con modalidades de entrega muy diferentes e inconsistentes. La cobertura de los servicios de cuidado infantil es limitada, con heterogeneidad territorial (e.g. mejor disponibilidad en áreas con mayor actividad económica) y es provista predominantemente por el sector privado. La fragmentación y la falta de armonización resultan en ineficiencias; la falta de reconocimiento del derecho al cuidado y discriminación por género y estado civil generan exclusiones y profundizan la desigualdad de oportunidades, además de que existen inconsistencias o regulaciones contradictorias en distintos niveles de la legislación. A pesar de esto, se identifica (en línea con la evidencia internacional y nacional) una asociación positiva entre la disponibilidad de estos servicios con la participación e ingreso laboral de la mujer lo cual indica que existen áreas de oportunidad para mejorar los servicios de cuidados para alcanzar una mayor participación laboral de la mujer.

Por otra parte, la demanda efectiva de los servicios de cuidado infantil es baja con variación regional amplia, frente a una demanda potencial extensa. La baja demanda efectiva deriva parcialmente de las políticas de cuidado infantil como la falta de dinero, la falta de derecho, y la distancia de los servicios. Todos son importantes factores reportados en la decisión del uso de servicios de cuidado que muchas mujeres/madres consideran concurrentemente con la decisión de participar o no en el mercado laboral. Culturalmente la figura de la madre continúa teniendo un gran peso en el cuidado y crianza de los hijos e hijas en los diferentes estratos sociales. La falta de empleo y precarización laboral que afecta más a las mujeres de instrucción básica refuerza el peso de la figura de la madre en cuidado. La demanda de servicios de cuidado también depende del acceso a otras formas de apoyo en el cuidado (pareja/ apoyo doméstico/ familiares).

Finalmente, las percepciones sobre los costos y las oportunidades asociadas a tener a un hijo en un centro de cuidado incluyen tanto el costo económico como también los posibles riesgos de seguridad. Existe poca información directa sobre el funcionamiento de estos centros por parte de las no usuarias, lo que incrementa la percepción negativa sobre dichos centros.

Dada la importancia tanto en la acumulación de capital humano como en la participación laboral de las mujeres, en este documento se enfrenta el tema del embarazo adolescente. La tasa de fertilidad adolescente es la segunda más alta entre los países de la OCDE y no ha mejorado desde 2009. Más aún, la maternidad temprana es la tercera causa de deserción escolar entre los estudiantes y la segunda entre las mujeres, por lo que es un tema prioritario, tanto por el bienestar de las mujeres y sus hijos como por el potencial productivo del país. En términos de prioridades a nivel territorial, se encuentra que los 15 municipios con el número más alto de madres adolescentes concentran el 14 por ciento del total del país. Estos municipios son prioritarios y están ubicados en el noroeste y suroeste del país.

Los resultados señalan que la maternidad temprana es un problema asociado con la pobreza. Las áreas rurales tienen mayores tasas de embarazo adolescente, mientras que los hogares más ricos (aquellos sin techo precario, sin pisos de tierra y aquellos con bienes durables) están asociados con una menor probabilidad de tener embarazos adolescentes. Una vez que se controla por riqueza y educación, las adolescentes indígenas no son diferentes a las no indígenas en términos de su probabilidad de embarazo. Los años de educación y tener al padre presente están asociados con una menor probabilidad de un embarazo adolescente, mientras que el no haber usado anticonceptivos en su primer encuentro sexual está asociado con una mayor probabilidad de tener un embarazo adolescente. En términos de políticas públicas, el análisis encuentra una asociación negativa entre el embarazo adolescente a nivel municipal en municipios en los que existen centros de servicio amigables y un mayor número de médicos por unidad. De forma similar, un mayor número de escuelas técnicas y un mayor porcentaje de la población que recibe transferencias condicionadas tiene una asociación negativa con el embarazo adolescente.

El análisis realizado indica las siguientes oportunidades, tanto en el ámbito de políticas de cuidado, políticas para prevenir el embarazo adolescente y políticas complementarias que podrían ayudar a impulsar una mayor participación laboral de la mujer.