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Madres mexicanas celebran su día con horas extra de trabajo no remunerado

10 de mayo de 2021

Foto: Candhy Escalante

En 1922, México fue el primer país de América Latina en reconocer el Día de las Madres el 10 de mayo. Casi 100 años después de su primera conmemoración, las mujeres dedican 5.8 horas diarias al trabajo de cuidados. Con la pandemia por la Covid-19, el confinamiento, las clases en línea de los niños, niñas y adolescentes y la oficina en casa, las cargas laborales, remuneradas y no, se han incrementado para ellas.

Ciudad de México, 10 de mayo de 2021 (CINU México) — Este lunes, México celebra una de sus conmemoraciones populares más importantes: el Día de las Madres. En medio de la pandemia por la Covid-19, las madres mexicanas trabajan sin remuneración, jornadas dobles y hasta triples por causa del llamado trabajo de cuidados.

De acuerdo con información de la ONU-Mujeres, en México las mujeres contribuyen con cerca de 60 por ciento del total de horas dedicadas al trabajo remunerado y no remunerado, en tanto que los hombres aportan poco más del 40 por ciento.  El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó que todos los días, ellas trabajan en casa 5.8 horas adicionales a las que invierten en el mercado formal.

Patricia Rodríguez López, investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) explicó que, si se pagaran actividades como el cuidado a los niños o limpieza de la casa, representarían casi 25% del Producto Interno Bruto (PIB) del país.

Es el caso de Candhy Escalante, periodista de 40 años de edad que vive en la ciudad de Querétaro, en el centro de México, y trabaja en una oficina gubernamental. Aunque su trabajo formal le consume 7 horas y media, su jornada completa puede llegar a las 16 horas al día, puesto que a sus labores de oficina suma la atención a su hijo, el cuidado y limpieza de la casa, así como la elaboración de las comidas de la familia.

Su jornada, contó en entrevista, empieza a las 05:30 de la mañana, cuando se levanta para preparar el desayuno y a su hijo de 11 años de edad, y termina a las 21:30 horas, cuando se va a dormir después de preparar la cena, la ropa para el día siguiente y adelantar el desayuno y el almuerzo.

A pesar de que en su familia el trabajo de la casa se concibe como colaborativo y una obligación de equipo entre su hijo Salvador, su esposo Jorge y Candhy, las jornadas para ella se han triplicado.

“En el confinamiento una se da cuenta de todo lo que es capaz de hacer como madre. El rol de mamá se convierte no nada más en eso, sino que incluye ser maestra, enfermera, tener un segundo o tercer turno… el trabajo se triplicó, las horas laborales, pero también el trabajo en casa”, dijo.

“Es una cosa de mucha tolerancia y paciencia porque no dejé de trabajar”.

Datos del INEGI revelan que si las madres mexicanas recibieran una remuneración por el trabajo que hacen en su casa, al año podrían tener ingresos adicionales por casi 3 mil dólares (59 mil 617 pesos mexicanos); es decir, un salario mensual de 250 dólares (5 mil pesos) en un país donde la media para un trabajador en el mercado formal es de 420 dólares mensuales (poco más de 8 mil 300 pesos).

Es decir, recibirían cuando menos un salario mínimo adicional por las 5.8 horas que trabajan diariamente en casa, adicionales a sus empleos formales.

Quienes se llevan la mayor carga son las mujeres que viven en pareja puesto que trabajan tres veces más que sus compañeros y el trabajo que realizan equivale a 76 mil 163 pesos anuales; les siguen las mujeres divorciadas, cuyo trabajo doméstico equivale a 51 mil 748 pesos y, por último, las solteras, cuyo trabajo equivale a 33 mil 348 pesos anuales.

Si a los hombres mexicanos se les pagara por horas el trabajo que hacen en casa, sus ingresos mensuales serían de 90 dólares (mil 800 pesos mexicanos), es decir: menos de la mitad que ganarían las mujeres puesto que sólo dedican 1.8 horas al día a estas labores.

Ana Paola Sáenz, académica del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México explicó que la noción de doble jornada se refiere a que a las mujeres socialmente se les asignan trabajos de cuidado: criar a los hijos e hijas de la familia, educarles, proveer cuidados especiales por enfermedad o vejez que requieran integrantes de la familia, además de mantener el hogar mediante trabajos como la limpieza o la preparación de los alimentos.

 

La situación se ha hecho más difícil con la pandemia

“La pandemia ha ocasionado que las madres de familia estén sometidas a múltiples jornadas que no sólo tienen que ver con los cuidados de la vida y el trabajo productivo. A partir de la pandemia, se sumaron la educación formalizada de hijas e hijos y, en algunos casos, el cuidado de personas enfermas de la COVID-19, lo cual ha ocasionado desgaste ocupacional y distintas afectaciones en la salud mental”.

Hasta antes de marzo de 2020, cuando el gobierno mexicano inició formalmente las medidas de distanciamiento social y pidió a sus ciudadanos confinarse en sus casas, el día de Candhy comenzaba antes de las 06:00 de la mañana.

A las 08:00 de la mañana, cuando mucha gente apenas salía de su casa para dirigirse a la oficina, ella ya había hecho ejercicio, le había servido el desayuno a su familia, había preparado el almuerzo de su hijo e iniciado su jornada laboral en la oficina de comunicación social donde trabaja.

Ahora, desde que trabaja en casa dos días a la semana, su día inicia desde antes porque se tiene que levantar a preparar el almuerzo de media mañana para su hijo, y la comida de la tarde; además de estar al pendiente de él y de las cosas que llegue a necesitar durante las horas que dedica al aprendizaje en línea.

Entre los pendientes de la oficina y la atención de su hijo, cocina, lava la ropa, limpia la casa y atiende a la mascota familiar.

“Aparte, todos los cuidados que conlleva tener un hijo en la casa, aunque Chavita no está tan chiquito sí me toca: ‘mamá, no puedo conectarme’, ‘mamá, ayúdame a traer esto’, ‘mamá, la libreta, los colores, el lápiz… ¡ayúdame!’”, describió.

“El que esté todo el tiempo en la casa implica para mí tener la casa limpia, que él tenga un espacio apto para estudiar, apurarme porque mientras estoy trabajando también estoy cocinando, poniendo una lavadora, atendiendo a mi perrita. Si mi hijo no le entiende a una cosa de la clase, yo investigo, lo asesoro, le ayudo. Ser hasta maestra me ha tocado”.

Su esposo Jorge se involucra en la crianza de su hijo: hace con él las tareas de matemáticas, lo despierta por las mañanas para que se aliste mientras ella se baña; y cuando regresa de trabajar, alrededor de las 19:00 horas, lo atiende mientras Candhy saca a pasear a su perra y prepara la cena; él lava los trastes que se generan por la noche.

La periodista considera que conforme han ido pasando los meses de encierro, la comunicación con su esposo ha mejorado, así como la organización de las labores del hogar y la carga de trabajo. Sin embargo, bromea: su lugar de descanso… sigue siendo la oficina.

“Yo siempre hablo de triple jornada porque en la mañana trabajo en mi trabajo normal, llego y soy ama de casa y también soy mamá. Se incrementa el trabajo. Siempre les digo (a sus compañeros) que a la oficina vengo a relajarme porque en la casa es donde tengo más trabajo”, dijo.

 

Fotografías: Cortesía de Candhy Escalante