Comunicado oficial

Mensaje del Secretario General en la Nueva Escuela: “Mujeres y Poder” Las mujeres no se cuentan y sus experiencias no cuentan.

27 de febrero de 2020

Foto: Naciones Unidas.

Presidente Van Zandt,

Profesor Aleinikoff,

Ms. Juju Chang,

Queridos estudiantes, queridos amigos,

Es un gran placer estar aquí hoy. Gracias por honrarme con este título y a través de mí, a  las Naciones Unidas y nuestro personal en todo el mundo.

La Nueva Escuela es un lugar especial. Yo soy ingeniero de formación y la física ha sido la mayor pasión intelectual de mi vida. Pero reservo mi mayor admiración para los artistas, filósofos, científicos sociales y aquellos que explican el mundo y lo hacen más hermoso.

Agradezco a la Nueva Escuela por ayudarnos a enaltecernos y dar sentido a nuestras vidas.

Queridos estudiantes, queridos amigos,

Como hombre nacido en Europa occidental, he disfrutado de muchos privilegios. Pero mi infancia bajo una dictadura militar en Portugal me abrió los ojos a la injusticia y la opresión. A lo largo de mi carrera política, como primer ministro y como líder de la Agencia de la ONU para los Refugiados, siempre me he sentido obligado a luchar por la justicia, la igualdad y los derechos humanos.

Hoy, como Secretario General de las Naciones Unidas, veo una injusticia abrumadora en todo el mundo, un abuso que está pidiendo atención.

Se trata de la desigualdad de género y la discriminación contra las mujeres y las niñas.

En todas partes, las mujeres están en peores condiciones que los hombres, simplemente porque son mujeres.

Las mujeres migrantes y refugiadas, aquellas con discapacidades y las mujeres que pertenecen a  grupos minoritarios de todo tipo enfrentan barreras aún mayores.

Esta discriminación nos perjudica a todos.

Así como la esclavitud y el colonialismo fueron una mancha en los siglos anteriores, la desigualdad de las mujeres debería avergonzarnos a todas las personas en el siglo XXI.

Porque no solo es inaceptable; es estúpido.

Solo a través de la participación equitativa de las mujeres podemos beneficiarnos de la inteligencia, la experiencia y las ideas de toda la humanidad.

La participación equitativa de las mujeres es vital para lograr la estabilidad, ayuda a prevenir conflictos y promueve un desarrollo sostenible e inclusivo.

La igualdad de género es el requisito previo para un mundo mejor.

Excelencias, damas y caballeros, queridos estudiantes:

Este no es un problema nuevo. Las mujeres han luchado por sus derechos durante siglos.

Hace quinientos años, la reina Nzinga Mbandi del Mbundu libró una guerra contra el dominio colonial portugués en la actual Angola.

Mary Wollstonecraft, quien escribió el libro “Vindicación de los derechos de las mujeres” en 1792, a menudo es vista como la madre del feminismo occidental.

Sesenta años después, Sojourner Truth hizo una súplica apasionada por los derechos de las mujeres mientras trabajaba para abolir la esclavitud.

El movimiento por los derechos de las mujeres alcanzó la mayoría de edad en el siglo XX. Las mujeres jefas de estado disiparon cualquier duda sobre la capacidad de las mujeres para liderar. La Declaración Universal de Derechos Humanos afirmó la igualdad de derechos de hombres y mujeres; y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) esbozó una visión de igualdad de género.

Hoy, mujeres jóvenes como Malala Yousafzai y Nadia Murad están rompiendo barreras y creando nuevos modelos de liderazgo.

Pero a pesar de estos avances, el estado de los derechos de las mujeres sigue siendo grave.

La desigualdad y la discriminación son la norma en todas partes.

El progreso se ha ralentizado y, en algunos casos, se ha revertido.

Hay un fuerte e implacable retroceso contra los derechos de las mujeres.

La violencia contra las mujeres, incluido el feminicidio, se encuentra en niveles epidémicos. Más de una de cada tres mujeres sufrirá violencia de alguna forma, a lo largo de su vida.

Las protecciones legales contra la violación y la violencia doméstica se están diluyendo o revocando. La violación dentro del matrimonio sigue siendo legal en 34 países. Los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres están amenazados por todas las partes.

Las mujeres líderes y figuras públicas enfrentan acoso, amenazas y abusos, en la vida cotidiana como en el espacio digital.

La vigilancia de la libertad personal y la vestimenta son una realidad cotidiana para millones de mujeres y niñas.

Desde los gobiernos hasta en las juntas corporativas y en las ceremonias de premiación, las mujeres están excluidas de la mesa principal.

Las políticas que penalizan a las mujeres, como la austeridad y la reproducción coercitiva, vuelven a estar de moda.

Las negociaciones de paz aún excluyen a las mujeres, veinte años después de que todos los países se comprometieron a incluirlas.

Y la era digital podría hacer que estas desigualdades se vuelvan aún más arraigadas.

Excelencias, damas y caballeros,

La igualdad de género es fundamentalmente una cuestión de poder.

Vivimos en un mundo dominado por hombres con una cultura dominada por los hombres. Lo hemos hecho durante milenios.

La historiadora Mary Beard ha identificado las profundas raíces históricas del patriarcado en la cultura occidental.

En la Odisea, escrita hace tres mil años, Homero describe a Telémaco diciéndole a su madre, Penélope, que guarde silencio y que deje la conversación a los hombres. Lamentablemente, Telémaco no estaría fuera de lugar en algunas de las reuniones a las que asisto con líderes mundiales.

El patriarcado, un sistema social fundado en la herencia a través de la línea masculina, continúa afectando todas las áreas de nuestras vidas. Todos somos hombres y mujeres, niñas y niños, sufriendo las consecuencias.

Las estructuras de poder dominadas por los hombres sustentan nuestras economías, nuestros sistemas políticos y nuestras corporaciones.

Incluso la fama de Hollywood no protege a las mujeres de los hombres que ejercen poder físico, emocional y profesional sobre ellas. Saludo a aquellos que valientemente han hablado y contraatacado.

Se construye una capa oculta de desigualdad en las instituciones y estructuras que gobiernan todas nuestras vidas, pero se basan en las necesidades solo de la mitad de la población.

La escritora Caroline Criado Pérez llama a este pensamiento “masculino genérico”: ​​la suposición incuestionable de que los hombres son estándar y las mujeres son una aberración.

Esto ha llevado a la mayor brecha de datos en el mundo. Las mujeres no se cuentan y sus experiencias no cuentan.

Las consecuencias están en todas partes, desde los baños hasta las rutas de autobuses. Las mujeres corren un mayor riesgo de lesionarse en un accidente automovilístico, porque los asientos y los cinturones de seguridad se ajustan al patrón masculino. Las mujeres tienen una mayor tasa de mortalidad por ataques cardíacos porque las herramientas de diagnóstico están diseñadas en torno al patrón masculino.

El pensamiento por patrón masculino incluso se extiende al espacio, que de hecho es la frontera final para las mujeres. Más de 150 hombres han caminado en el espacio, pero solo un puñado de mujeres, en parte porque los trajes espaciales están diseñados para hombres. Ninguna mujer ha caminado sobre la luna, aunque las mujeres matemáticas desempeñaron un papel esencial al poner a los hombres allí.

Por fin, finalmente celebramos los logros de estas mujeres, incluida Katherine Johnson, quien falleció esta semana.

Con demasiada frecuencia, junto con la violencia, el control, las estructuras de poder dominadas por los hombres y la discriminación oculta, las mujeres y las niñas enfrentan siglos de misoginia y la eliminación de sus logros.

Desde ridiculizar a las mujeres como histéricas u hormonales, hasta el hecho de juzgar a las mujeres en función de su apariencia; desde los mitos y tabúes que rodean las funciones corporales naturales de las mujeres, hasta el hábito masculino de explicar cosas a las mujeres con tono  condescendiente y paternalista y culpar a las víctimas, la misoginia está en todas partes.

Lamentablemente, a través de siglos y culturas, palabras como “genio” y “brillante” se utilizan con mucha más frecuencia para describir a los hombres que a las mujeres, situación que es menos sorprendente cuando los hombres han establecido las reglas y han prohibido a las mujeres participar.

El daño causado por el patriarcado y la desigualdad va mucho más allá de las mujeres y las niñas.

Los hombres también tienen un género. Se define de manera tan rígida que puede atrapar a hombres y niños en estereotipos que involucran conductas de riesgo, agresión física y falta de voluntad para buscar asesoramiento o apoyo.

Como dice la escritora Chimamanda Ngozi Adichie: “La masculinidad es una jaula pequeña y dura, y ponemos a los niños dentro de esta jaula”.

En todo el mundo, los hombres tienen vidas más cortas que las mujeres; tienen más probabilidades de estar en prisión y de usar y experimentar violencia; y es menos probable que busquen ayuda.

Hemos definido el poder de los hombres en formas que tienen un gran costo, para los pripios hombres.

La igualdad de género tiene enormes beneficios para las relaciones personales de los hombres. Los hombres que comparten el cuidado y pasan más tiempo con sus familias son más felices y tienen hijos más felices.

En una escala mayor, la transformación del equilibrio de poder es esencial, no solo como una cuestión de derechos humanos, sino de desarrollo personal, salud y bienestar.

Es fundamental para resolver algunos de los problemas más dañinos e intratables de nuestra era, desde la profundización de la desigualdad y la polarización, hasta la crisis climática.

Excelencias, queridos estudiantes,

Veo cinco áreas en las que lograr la igualdad de género transformará nuestro mundo.

Primero: conflicto y violencia.

Existe una línea recta entre la violencia contra las mujeres, la opresión civil y el conflicto.

Trillones de dólares se gastan cada año en paz y seguridad. Pero deberíamos preguntarnos: ¿De quién es la paz? ¿De quién es la seguridad?

El conflicto interestatal aparece en los titulares, pero en algunas de las partes más violentas del mundo, los niveles de feminicidio (el asesinato de mujeres) son comparables a una zona de guerra.

137 mujeres  son asesinadas por un miembro de su propia familia en el mundo todos los días. Las tasas de impunidad son superiores al 95 por ciento en algunos países.

En otras palabras, tenemos hombres que libran una guerra contra las mujeres, pero nadie está pidiendo un alto el fuego o imponiendo sanciones.

Y cómo una sociedad trata a la mitad femenina de su población es un indicador significativo de cómo tratará a los demás.

La violación y la esclavitud sexual se usan habitualmente como táctica de guerra, y la misoginia es parte de la ideología de casi todos los grupos extremistas violentos.

Por el contrario, involucrar a mujeres como líderes y tomadoras de decisiones en procesos de mediación y paz, conduce a una paz más duradera y sostenible.

En las Naciones Unidas estamos comprometidos a poner a las mujeres en el centro de nuestros esfuerzos de prevención de conflictos, construcción de la paz, consolidación de la paz y mediación, y a aumentar el número de mujeres en nuestras fuerzas de mantenimiento de la paz.

En segundo lugar: la crisis climática.

La emergencia existencial que enfrentamos es el resultado de decisiones que fueron tomadas principalmente por hombres, pero que tienen un impacto desproporcionado en las mujeres y las niñas.

La sequía y la hambruna significan mayor trabajo para que las mujeres puedan encontrar comida y agua, mientras que las olas de calor, las tormentas y las inundaciones, matan a más mujeres y niñas que hombres y niños.

Las mujeres y las niñas han sido durante mucho tiempo líderes y activistas sobre el medio ambiente, desde Wangari Maathai y Jane Goodall, hasta el movimiento Fridays for Future.

Pero el impacto de la desigualdad de género en la acción climática es más profundo.

Las iniciativas para reducir y reciclar se comercializan abrumadoramente enfocadas en las mujeres, mientras que los hombres tienen más probabilidades de confiar en soluciones tecnológicas no probadas.

Hay muchas pruebas de que las mujeres son más abiertas que los hombres para reducir su impacto ambiental personal. Y estudios recientes muestran que las mujeres economistas y parlamentarias tienen más probabilidades de apoyar políticas sostenibles e inclusivas.

Existe el riesgo de que salvaguardar nuestro planeta sea visto como un “trabajo de mujeres”, simplemente como otra tarea doméstica.

Estoy agradecido con los jóvenes, con la Generación Z, incluidos muchos de ustedes aquí en esta sala, que están trabajando por la acción climática y la igualdad de género, al tiempo que reconocen la realidad de las personas que tienen identidades no binarias.

La postura machista no salvará a nuestro planeta.

La igualdad de género, incluidos los hombres que se hacen cargo y asumen la responsabilidad, es esencial si queremos vencer la emergencia climática.

Queridos estudiantes, queridos amigos,

La tercera área en la que los derechos de las mujeres y la igualdad de oportunidades pueden crear un gran avance es en la construcción de economías inclusivas.

En todo el mundo, las mujeres aún ganan solo 77 centavos por cada dólar que ganan los hombres. La última investigación realizada por el Foro Económico Mundial dice que tomará hasta el año 2255 para cerrar la brecha salarial de género.

¿Cómo puedo decirles a mis nietas que a las nietas de sus nietas se les pagará menos que a un hombre por el mismo trabajo?

La brecha salarial de género es una de las razones por las cuales el 70 por ciento de las personas pobres del mundo son mujeres y niñas.

Otra es que las mujeres y las niñas realizan  12 mil millones de horas de trabajo de cuidado no remunerado en todo el mundo todos los días, tres veces más que los hombres. En algunas comunidades, las mujeres pueden pasar 14 horas al día cocinando, limpiando, buscando madera y agua y cuidando a niños y ancianos.

Los modelos económicos clasifican estas horas como “tiempo libre”.

El Producto Interno Bruto pone valor cero en todo lo que sucede en el hogar. Pero esta métrica defectuosa es la base para la toma de decisiones económicas, distorsionando las políticas y negando oportunidades a las mujeres.

Las mujeres que tienen ingresos tienen más probabilidades que los hombres de invertir en sus familias y comunidades, fortaleciendo las economías y haciéndolas más resistentes.

Las mujeres también tienden a tener una visión más larga. Las juntas corporativas que las incluyen son más estables y rentables.

La reciente decisión de uno de los bancos de inversión más grandes del mundo de no incluir una empresa  a menos que tenga un miembro de la junta no fue hecha por razones morales. Fue buen sentido financiero.

La igualdad de derechos y oportunidades económicas de las mujeres es un imperativo global si queremos construir una globalización justa que funcione para todas las personas.

Cuarto, la brecha digital.

Cuando una pareja se quejó el año pasado de que el límite de crédito del hombre era 20 veces mayor que el de su esposa, a pesar de su mayor puntaje de crédito, la discrepancia se atribuyó a un algoritmo.

Pero con las mujeres ocupando solo el 26 por ciento de los trabajos en Inteligencia Artificial, no es sorprendente que muchos algoritmos estén sesgados hacia los hombres.

La tecnología digital puede ser una fuerza enorme para el bien. Pero estoy profundamente preocupado por la dominación masculina de las profesiones tecnológicas en las universidades, las nuevas empresas y en los Silicon Valley de este mundo. Estos centros tecnológicos ya están dando forma a las economías y sociedades del futuro, con un gran impacto en la evolución de las relaciones de poder.

A menos que las mujeres desempeñen un papel igual en el diseño de tecnologías digitales, el progreso en los derechos de las mujeres podría revertirse.

La falta de diversidad no solo expandirá la desigualdad de género. Limitará la innovación y el alcance de las nuevas tecnologías, haciéndolas menos útiles para todas las personas.

Quinto y finalmente, representación política.

La participación de las mujeres en los parlamentos de todo el mundo se ha duplicado en los últimos 25 años, a una cuarta parte. Menos de una décima parte de los estados son liderados por una mujer.

Pero la representación de las mujeres en el gobierno no se trata de que resuelvan “problemas de mujeres” estereotipados, como oponerse al acoso sexual o promover el cuidado de los niños. Las mujeres en el gobierno impulsan el progreso social y los cambios significativos en la vida de las personas.

Es más probable que las mujeres aboguen por la inversión en educación y salud; y buscar el consenso entre partidos y un terreno común.

Cuando el número de mujeres alcanza una masa crítica, es más probable que los gobiernos innoven y desafíen las ortodoxias establecidas.

En otras palabras, las mujeres en política están redefiniendo y redistribuyendo el poder.

No es casualidad que los gobiernos que están redefiniendo el PIB para incluir el bienestar y la sostenibilidad sean liderados por mujeres.

Es simple matemática. La participación de las mujeres mejora las instituciones.

Duplicar los recursos, la capacidad y la experiencia que ponemos en la toma de decisiones beneficia a todas las personas.

Una de mis primeras prioridades como Secretario General de las Naciones Unidas fue atraer a más mujeres a puestos de liderazgo. El 1 de enero de este año, logramos la paridad de género, 90 mujeres y 90 hombres, en las filas de los altos cargos de tiempo completo, dos años antes de la fecha objetivo que fijé al comienzo de mi mandato. Tenemos una hoja de ruta para lograr la paridad en todos los niveles en los próximos años.

Este cambio hace mucho tiempo es un reconocimiento esencial de la igualdad de derechos y capacidades del personal femenino. También se trata de mejorar nuestra eficiencia y efectividad para las personas a las que servimos.

Queridos estudiantes, queridos amigos,

La oportunidad de resolver los problemas provocados por el hombre, y elijo estas palabras deliberadamente, es que debemos tener soluciones dirigidas por humanos.

Las prósperas sociedades matriarcales a lo largo de la historia y en todo el mundo muestran que el patriarcado no es inevitable.

Recientemente hemos visto mujeres, muchas de ellas jóvenes, que exigen un cambio transformador.

Desde Sudán hasta Chile y Líbano, exigen una vida libre de violencia, una mayor representación y una acción climática urgente, y cuestionan los sistemas económicos que no brindan oportunidades y satisfacción para muchas de ellas.

Les debemos a estas jóvenes líderes nuestras voces y nuestro apoyo.

La igualdad de género es parte del ADN de las Naciones Unidas. La igualdad de derechos de mujeres y hombres está incluida en la Carta, nuestro documento fundacional. Al celebrar nuestro 75 aniversario este año, junto con el 25 aniversario de la Conferencia de Beijing sobre la Mujer, estamos redoblando nuestros esfuerzos para apoyar los derechos de las mujeres en todos los ámbitos.

El mes pasado, las Naciones Unidas lanzaron una Década de Acción para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el plan para nuestro trabajo conjunto con los gobiernos para construir sociedades pacíficas, prósperas e inclusivas en un planeta saludable.

La igualdad de género es un objetivo en sí mismo y clave para lograr los otros 16 objetivos.

El Decenio de Acción tiene como objetivo transformar las instituciones y estructuras, ampliar la inclusión e impulsar la sostenibilidad.

La derogación de leyes que discriminan a las mujeres y las niñas; creciente protección contra la violencia; cerrar la brecha en la educación y tecnología digital de las niñas; y terminar con la brecha salarial de género, son solo algunas de las áreas a las que nos dirigimos.

La igualdad de liderazgo y participación de las mujeres es fundamental.

Por eso siempre he apoyado las cuotas, la forma más efectiva de lograr un cambio radical en el equilibrio de poder. Ahora es el momento de la paridad de género en gobiernos, parlamentos, juntas corporativas e instituciones en todas partes.

Durante los próximos dos años, tengo la intención de profundizar mi compromiso personal para destacar y apoyar la igualdad de género en todas las áreas de nuestro trabajo.

Me pondré en contacto con los gobiernos que tienen leyes discriminatorias para abogar por el cambio y ofrecer nuestro apoyo; e instar a cada nuevo gobierno a lograr la paridad de género en el liderazgo superior.

Exploraré formas de maximizar la influencia de las Naciones Unidas para asegurar que las mujeres tengan la misma representación en los procesos de paz; y fortalecer nuestro trabajo sobre los vínculos entre la violencia contra las mujeres y la paz y la seguridad internacionales. Seguiré conociendo mujeres cuyas vidas han sido afectadas por la violencia.

También abogaré por que el PIB incluya medidas de bienestar y sostenibilidad, y que el trabajo doméstico no remunerado tenga su verdadero valor.

Estoy comprometido a terminar con el pensamiento del “masculino genérico” en las Naciones Unidas. Somos una organización basada en datos; es esencial que nuestros datos no supongan ridículamente que los hombres son la norma y que las mujeres son la excepción.

Necesitamos las voces y las contribuciones de las mujeres en las negociaciones de paz y las conversaciones comerciales; en los Oscar y el G20; en salas de juntas y aulas; y en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Excelencias, queridos estudiantes, queridos amigos,

La igualdad de género es una cuestión de poder; poder que los hombres han guardado celosamente durante milenios.

Se trata de un abuso de poder que está dañando nuestras comunidades, nuestras economías, nuestro medio ambiente, nuestras relaciones y nuestra salud.

Debemos transformar y redistribuir el poder con urgencia, si queremos salvaguardar nuestro futuro y nuestro planeta.

Por eso, todos los hombres deben apoyar los derechos de las mujeres y la igualdad de género.

Y por ello apoyo el feminismo con orgullo.

Las mujeres han igualado y superado a los hombres en casi todas las esferas.

Es hora de dejar de intentar cambiar a las mujeres y comenzar a cambiar los sistemas que les impiden alcanzar su potencial.

Nuestras estructuras de poder han evolucionado gradualmente durante miles de años. Una evolución posterior está muy atrasada.

El siglo XXI debe ser el siglo de la igualdad de las mujeres.

Hagamos todo lo posible para que así sea.

Gracias.