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México, de los países con mayor concentración de riqueza en manos de unos cuantos: PNUD

22 de junio de 2021

Foto: PNUD

Ciudad de México, 22 de junio de 2021 (PNUD) — México es el segundo país de América Latina donde los más ricos concentran la mayor cantidad de ingresos nacionales, advirtió el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). 

En nivel descendente, México es el segundo de 10 países de América Latina donde la mayor concentración de dinero se da en una menor cantidad de personas. El primer lugar es para Chile, le sigue México, Brasil, Perú, Costa Rica, Colombia, El Salvador, Uruguay, Argentina y Ecuador.

De acuerdo con información de la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad, en promedio el 10% de los deciles más altos de la economía captura el 49% de los ingresos nacionales y el 1% más alto, el 21%.

“Entre los países de América Latina analizados, Chile, México y Brasil tienen la mayor concentración de ingresos: el 10% más alto captó más del 57% de los ingresos nacionales y el 1% más alto, más del 28%, en 2019. La concentración del ingreso en estos países es persistentemente alta y/o aumenta en el tiempo”, señala el Informe regional de desarrollo humano 2021. Atrapados: alta desigualdad y bajo crecimiento en América Latina y el Caribe, que elaboró el PNUD.  

La región de América Latina y el Caribe está atorada en una trampa de alta desigualdad y bajo crecimiento de la que no ha podido escapar, advirtió el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Además, aunque en promedio la población sobrestima el ingreso del 20% más rico, en cinco países de la región: Colombia, Brasil, México, Nicaragua y Perú, la gente lo subestima. 

En estos países, los ciudadanos creen también que el 40% más pobre de la distribución captura una proporción mayor de los ingresos que la que realmente captura: “creen que la distribución del ingreso es más igualitaria de lo que es y que la concentración en la parte más alta es menor”. 

El poder de mercado, se asocia con pérdidas de bienestar en toda la economía a través de aumentos de precios que afectan principalmente los ingresos de los hogares pobres. 

En las zonas urbanas de México, la pérdida de bienestar en las familias más pobres es de 19.8% que en las más ricas y se deriva del monopolio en los mercados de alimentos como tortillas de maíz, carnes procesadas, pollo, huevos, leche.

De hecho, la crisis ocasionada por la pandemia de Covid-19 podría desaparecer mucho de lo alcanzado en décadas de progreso revela el informe.

“América Latina y el Caribe (ALC) se encuentra en una trampa de desarrollo. A pesar de décadas de progreso, mucho del cual podría desaparecer con la pandemia de COVID-19, dos características de la región se han mantenido en gran medida inalteradas: la alta desigualdad y el bajo crecimiento. Estos dos factores están cercanamente relacionados e interactúan entre sí para crear una trampa de la que la región no ha podido escapar”.

A pesar del avance de la región, los niveles actuales de desigualdad son extraordinariamente altos desde una perspectiva global.

La crisis económica por Covid-19 ha impactado tanto en el ingreso familiar, como en las posibilidades de recuperación. La percepción de las afectaciones en pérdida de ingresos para México, sólo se compara con la situación de Venezuela. 

Por ejemplo, en promedio en los 18 países de la región 22% de los encuestados por Latinobarómetro (datos que recoge el estudio de PNUD) reportó no haber sufrido ninguna pérdida de ingresos. Mientras en Nicaragua y Uruguay casi la mitad de la población (43%) reportó no haber tenido afectaciones, “En México y Venezuela, la cifra correspondiente fue el 9%”.

Además, México es el cuarto país donde mayor porcentaje de su población piensa que la recuperación económica tardará más de dos años (23%) y 10% de su población desconoce cuánto tiempo podría tomar para llegar a niveles previos a la pandemia. 

Será difícil que México cumpla Acuerdos de París

Luego de las reformas en materia energética que aprobó el Senado de la República en marzo de 2021, será difícil que México pueda cumplir con la reducción de 22% en su emisión de gases de efecto invernadero,  compromiso que asumió al suscribir el Acuerdo de París, se advierte.

Esta reforma privilegia la producción de electricidad por parte de la empresa estatal de energía eléctrica, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) basada principalmente en antiguas plantas de producción de energía térmica, y debilita la posibilidad de entrada de productores privados basados en energías renovables.

“Esta decisión reciente hará más difícil para México el cumplimiento del compromiso de reducción de sus emisiones de gases con efecto invernadero en un 22% asumido en el Acuerdo de París”. 

Entre las décadas de 1970 y 2010, México aumentó el uso de combustibles fósiles al 90% de su consumo energético total y México redujo su producción de electricidad proveniente de fuentes hídricas al 10%  en 2015; y disminuyó de 15% a 9% el consumo final de energía procedente de todas las fuentes renovables como fracción de la energía final total. 

“México, una potencia productora de petróleo, ha mantenido su dependencia fiscal y energética de los combustibles fósiles”, señala el reporte. 

Advierten incremento en exposición a violencia doméstica

Las medidas de distanciamiento social introducidas por los gobiernos han permitido que los perpetradores de violencia doméstica aíslen a sus víctimas como acto de control u obstruyan las posibilidades de que presenten una denuncia, limitando así  su capacidad de pedir ayuda. 

Aunque en algunos países se ha producido una disminución de las denuncias presentadas durante los confinamientos, esto no significa que la exposición de las mujeres a la violencia doméstica haya cesado, sobre todo si se tiene en cuenta el aumento simultáneo de las llamadas de emergencia.

Durante los confinamientos nacionales hubo una mayor intensidad de búsquedas en línea sobre temas relacionados con la violencia doméstica en varios países, como Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México.

“En México, se registró un aumento de las llamadas que denuncian el maltrato doméstico y solicitan servicios psicológicos, así como una disminución de las llamadas que solicitan asistencia jurídica, tal vez por temor a las represalias”. 

La desigualdad en América Latina no es un hallazgo nuevo

El hallazgo no es nuevo y se puede explicar por tres factores: la concentración del poder económico en unas cuantas empresas, la violencia en todas sus manifestaciones, y la ausencia de un sistema de protección social universal para todos sus ciudadanos y de una regulación del mercado laboral.

Durante la década de 2000, la desigualdad de ingresos se redujo por el crecimiento económico y en el número de personas con educación superior, así como por las políticas de algunos gobiernos de transferir dinero a sus ciudadanos.

Sin embargo, esta tendencia se estancó a partir de 2010 y comenzó a revertirse en algunos países incluso antes del inicio de la pandemia: “a pesar de este progreso, la región sigue siendo la segunda región más desigual del mundo, y los países de ALC tienen niveles de desigualdad más altos que los de otras regiones con niveles de desarrollo económico similares”. 

Más allá de lo económico…

Al igual que la pobreza, la desigualdad tiene múltiples dimensiones que “persisten obstinadamente” en la región, advierte el reporte de la UNDP: las brechas de género en el mercado laboral, el hecho de que las mujeres dedican más tiempo que los hombres al trabajo en casa.

También persisten la discriminación en las escuelas y el trabajo en contra de las personas de la diversidad sexual, y la violencia que viven diariamente; así como la falta de reconocimiento político y económico a las personas indígenas, y el rezago en el acceso a servicios como la salud y la educación.

La desigualdad  no sólo impacta en la baja productividad o crecimiento económico de los países, también implica desperdiciar el talento de las personas que son excluidas del mercado laboral o sentenciar a grupos de la población a una menor acumulación de capital. 

Por ejemplo, preocupa especialmente el impacto que la pandemia por Covid-19 dejará en los estudiantes, “en relación con las tendencia de desigualdad a largo plazo”. 

Esto se deriva de que en aprendizaje remoto, no todos los estudiantes tuvieron acceso a herramientas tecnológicas y académicas en sus hogares (como escritorios y computadoras), ni al apoyo de sus padres y madres. Por ejemplo, el estudio muestra que en México se involucraron más los padres de los deciles más altos de la economía. 

América Latina desea un mundo más igualitario

Además de medir la desigualdad de forma objetiva, a través de índices y encuestas, por ejemplo, también es esencial conocer cómo la percibe la gente porque esta percepción puede influir en sus posturas políticas o de apoyo a políticas públicas, así como sus aspiraciones y sus esfuerzos para alcanzarlas: por ejemplo, quién debería apoyos del gobierno y quién debería pagar impuestos.

El reporte refleja que en América Latina, la mayoría de sus habitantes piensan que deberían pagar más impuestos quienes tienen ingresos más altos.

“Las percepciones de injusticia y desigualdad también pueden actuar como un incentivo al esfuerzo si existe la convicción de que a través suyo se pueden lograr  mejores resultados. Sin embargo, si el referente aspiracional parece demasiado lejano o inalcanzable, las personas pueden desanimarse, lo que genera frustración y motivos para salirse del contrato social”.

Descargue aquí el documento:

Informe regional de desarrollo humano 2021 (Resumen ejecutivo)

Informe regional de desarrollo humano 2021 (Completo)