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Orquesta sinfónica contribuye a integración de niñas, niños y adolescentes refugiados en Aguascalientes

19 de noviembre de 2021

Foto: Carolina Peniche / ACNUR

A sus 15 años, Luis, su hermana menor y su mamá salieron de Honduras, luego de que uno de sus primos fuera asesinado por las pandillas. Como la mayoría de las personas que solicitan asilo en México, Luis y su familia entraron al país por Tapachula, Chiapas, donde fueron víctimas de extorsiones, razón por la que, con apoyo del ACNUR, fueron reubicados a la ciudad de Aguascalientes, en el centro del país. Además de estudiar el bachillerato, Luis es uno de los 15 niños, niñas y adolescentes refugiados que forman parte de la Orquesta Sinfónica de Jesús María, municipio de la Zona Metropolitana de Aguascalientes.  

Entre enero y octubre de 2021, 25,000 niñas, niños y adolescentes habían solicitado asilo en México. A nivel local, autoridades de municipios como Jesús María han incluido a esta población proyectos como esta Orquesta que integran tanto niños, niñas y jóvenes locales como refugiados. Iniciativas como ésta promueven la coexistencia pacífica y el apoyo a las comunidades de acogida, ejes importantes del MIRPS y del Plan de Acción de México. Al mismo tiempo, las iniciativas de inclusión a nivel municipal ayudan a prevenir posibles reacciones xenofóbicas que pudiera generar la llegada de personas refugiadas.

“Estar acá ha sido muy diferente y a la vez muy divertido, ya que las personas acá son muy amigables, me han recibido muy bien, he hecho nuevos amigos y he aprendido mucho en la Casa de Música. Yo toco percusión y hay mucha variedad, están los timbales, la marimba, la tarola, claves, hay un montón de instrumentos, pero el que me ha gustado más hasta ahorita es la marimba, ya que sus notas son muy melódicas y hermosas. A los que vienen entrando a la Casa de Música, me han puesto a ayudarles y a enseñarles algunas cosas”, dijo Luis.

La Orquesta Sinfónica de Jesús María promueve el talento de niños y jóvenes que residen en este municipio, con el fin de desarrollar sus habilidades artísticas y formar parte de un grupo que logra transformar su resiliencia y disciplina, en arte.

Concierto de la Orquesta Sinfónica de Jesús María  © Carolina Peniche / ACNUR

Cecilia tiene 17 años y llegó a México con sus hermanos huyendo de amenazas es Honduras, donde la inseguridad era tal que no podía estudiar y menos aún realizar actividades recreativas. Nunca había tocado un instrumento, pero quizás por ser hija de músico y hermana de rapero, aprendió rápidamente a tocar el contrabajo y hoy es parte de la Orquesta.

“Al principio como que no me atraía, ahora me gusta demasiado. Es increíble poder compartir con otros refugiados también, y también hecho muchos amigos de todos lados.

“Nunca había escuchado del estado de Aguascalientes, pero estaba segura de que una vez aquí me iba a cambiar la vida por completo, y así fue en todos los sentidos”, comentó Cecilia, quien estudia el bachillerato y tiene el deseo de estudiar psicología en la universidad.

Para el director de la Orquesta, Román Revuelta, la Casa de Música es un proyecto integrador, pues ofrece un espacio a niñas, niños y adolescentes en el que tengan la oportunidad de aprender a tocar un instrumento, pero también de convivir con los otros chicos y aprovechar su tiempo libre.

Concierto de la Orquesta Sinfónica de Jesús María  © Carolina Peniche / ACNUR

“Ellos aprenden muchas cosas, a trabajar en equipo, los rigores de la disciplina para aprender a tocar un instrumento, es un espacio de convivencia y de formación, un lugar donde los chicos están en contacto con una manifestación artística, y eso los sensibiliza.

“El joven encuentra otro mundo en su pertenencia a la orquesta, su relación con el maestro y su experiencia de convivir con los demás, se abren sus horizontes”, comentó.

Ángela, percusionista y originaria de Jesús María, forma parte de la Orquesta, dijo que la inclusión de niñas y niños refugiados ha sido muy positiva, pues son muy responsables, estudiosos y buenas personas, que salen de situaciones complicadas a través del arte.  

“Me gusta mucho que ellos estén aquí, que conozcan nuestra cultura, que nosotros conozcamos la suya, que las mezclemos y creemos una cultura propia, se hace algo muy bonito”, comentó.

“Me siento totalmente enriquecida con lo que nos han traído estos niños, el idioma de la música es universal, la sonoridad nos une a todos”, comentó Ana María Luna Reyes, profesora de la Casa de Música.

Tomando en cuenta que el arte y la cultura son aceleradores en el desarrollo integral de niños y niñas refugiadas, ACNUR ha contribuido a mejorar este espacio con la donación de 43 instrumentos musicales, que serán utilizados por varios estudiantes, pues muchas veces no pueden adquirir instrumentos propios.