Artículo de Opinión

Patrimonio mundial mixto en México: el caso Calakmul

7 de julio de 2021

Foto: UNESCO

El Comité del Patrimonio Mundial reconoció a la Antigua ciudad Maya de Calakmul como un sitio arqueológico excepcional que desempeñó un papel de suma importancia en la historia de la región durante más de 12 siglos, y cuyas estructuras y trazado global se hallaban en un estado de conservación admirable.

Ciudad de México, 5 de julio de 2021 (UNESCO) — Entre 1987 y 1993 se realizó un estudio analítico de los diferentes tipos de bienes inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO y su localización geográfica. Este estudio sirvió para detectar un fuerte desequilibrio entre las diferentes categorías patrimoniales, así como en su reparto geográfico, con una gran concentración en unas áreas, en detrimento de otras. De los 410 bienes inscritos hasta 1993, 304 eran bienes culturales, 90 naturales y sólo 16 mixtos, y la gran mayoría estaban situados en regiones desarrolladas del mundo, en particular en Europa.

Ante esta situación se lanzó en 1994 la denominada Estrategia Global, cuyo objetivo fue establecer una Lista del Patrimonio Mundial más equilibrada, representativa y creíble, y garantizar que refleje la diversidad cultural y natural del mundo. Para cumplir con la Estrategia Global fue necesario incitar a los países a que presentaran propuestas de bienes de categorías y regiones que no estuvieran suficientemente representadas en la Lista del Patrimonio Mundial, tales como paisajes culturales, itinerarios culturales, patrimonio industrial, desiertos y lugares en costas marítimas e islas pequeñas, así como propuestas de inscripción de bienes mixtos y trasnacionales.

La nueva visión planteada por la Estrategia Global va más allá de las definiciones estrechas del patrimonio y se esfuerza por reconocer y proteger los sitios que son demostraciones sobresalientes de la convivencia humana con la tierra, así como las interacciones humanas, la convivencia cultural, la espiritualidad y la expresión creativa.

En este sentido, muchos son quienes resaltan la originalidad de la Convención del Patrimonio Mundial que vincula la conservación de la naturaleza y la cultura en un solo documento. Sin embargo, este instrumento también es cuestionado debido a las divisiones que establece entre ambas nociones, cuando en realidad éstas son a menudo ámbitos complementarios e inseparables.

Se han forjado identidades culturales en entornos específicos, al igual que muchas obras creativas de la humanidad se inspiran profundamente por la belleza del entorno natural. La mayoría de las actividades humanas tienen impactos, tanto positivos como negativos, en el entorno natural, especialmente en lo que respecta a la biodiversidad y los ecosistemas. Por su parte, el entorno natural con frecuencia influye también en las actividades humanas, y a menudo lo hace en forma contundente. El clima también tiene un papel fundamental, mientras que la disponibilidad de los recursos –ya sea que éstos se utilicen en régimen de explotación o sostenibilidad– ha determinado el destino de las civilizaciones. La mayoría de los lugares de nuestro planeta se han visto influenciados por la actividad humana de muchos modos distintos y en variados grados de intensidad.

A comienzos de la década de 1990, algunos cambios fundamentales en nuestro entendimiento del patrimonio empezaron a influir en los tipos de sitios propuestos y también en su gestión. En 1992 se llevó a cabo en Río de Janeiro la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, conocida también como la primera “Cumbre de la Tierra”. Bajo esa inercia, ese mismo año, en una decisión histórica, el Comité del Patrimonio Mundial reconoció a los Paisajes Culturales como aptos para su reconocimiento e inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial. Esto fue un cambio importante dado que los valores de los Paisajes Culturales derivan de la interacción entre la gente y su entorno. Además, existía un reconocimiento creciente de las asociaciones importantes que muchas comunidades y pueblos indígenas habían establecido con sus paisajes.

Los Paisajes Culturales, cuya presencia en el listado de UNESCO suma 112 reconocimientos, han sido en cierto modo la categoría precursora de las consideraciones de la Estrategia Global. Con sus tres categorías –Paisajes Culturales creados intencionalmente, Paisajes Culturales evolutivos, reliquias [fósiles o vivientes] y Paisajes Culturales asociativos– puede afirmarse que el Paisaje Cultural ha abierto una nueva gama de conexiones, reconociendo que existen interacciones y dinamismo con las formas y medios de vida tradicionales, tanto en lo que se refiere a implicaciones materiales como también a casos de Paisajes Culturales asociativos donde están en juego asociaciones culturales inmateriales, religiosas o espirituales.

El primer bien de este tipo se inscribió en 1993: el Parque Nacional de Tongariro, en Nueva Zelanda. Un sitio natural reconocido por su valor cultural asociativo, sitio sagrado y Paisaje Cultural. La inscripción de este sitio mixto marcó la pauta para la interpretación del patrimonio en todas sus dimensiones, reconociendo no sólo su carácter monumental sino también los vínculos entre la diversidad cultural y la biológica, concretamente con el uso sostenible de la tierra.

En la actualidad, 39 bienes mixtos han sido inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, de los cuales 8 se encuentran en la región de América Latina y el Caribe, y 2, específicamente en México: Antigua Ciudad Maya y bosques tropicales protegidos de Calakmul, Campeche (2002, 2014) y el Valle de Tehuacán-Cuicatlán: hábitat originario de Mesoamérica (2018).

Además de que estos sitios siguen siendo una pequeña minoría en el panorama general (representan solo el 3% de la Lista), desde siempre se han enfrentado a grandes desafíos y existe una gran necesidad de ayudarlos en su gestión, teniendo en cuenta la compleja interacción que existe en algunos casos entre las personas y la naturaleza, y la integridad de estos lugares en un mundo de constantes cambios socioeconómicos y climáticos globales.

En la práctica, la mayoría de los órganos de gestión nacionales se dividen en sectores culturales o naturales. Tales separaciones institucionales están ligadas a la evolución histórica de los campos del patrimonio; el desafío es, pues, que en los bienes mixtos los valores culturales y naturales puedan coexistir sin que se evalúen por equipos separados, y que sus planes de manejo vinculen en un solo documento el ámbito cultural y el natural.

Sin duda la gestión del Patrimonio Mixto ha abierto nuevas vías de colaboración internacional: se han desarrollado importantes proyectos con agencias de las Naciones Unidas como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), sobre paisajes agrícolas, y el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) sobre los vínculos entre la diversidad cultural y la biológica.

Al mismo tiempo, puede propiciar una nueva cooperación con la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de 2003, y la Recomendación de 2011 sobre los Paisajes Urbanos Históricos.

Aunque han existido algunas actividades comunes en los últimos años surgidas de esfuerzos conjuntos, existe la creciente necesidad de replantear el patrimonio natural y cultural como un concepto interrelacionado e interdependiente, en lugar de dominios separados. Como ya lo mencionamos, a nivel de gestión, es menester replantear los enfoques actuales en los que la gestión de naturaleza y cultura permanecen separados, e involucrarse mucho más proactivamente con los pueblos indígenas y las comunidades locales. 

Las discusiones sobre Paisajes Culturales, sitios mixtos y sitios sagrados destacan la importancia de tal replanteamiento. En este sentido, como uno de los esfuerzos emprendidos recientemente por los Órganos consultivos (ICCROM, ICOMOS e UICN) y el Centro del Patrimonio Mundial, se llevó a cabo en abril de 2014, en Italia, el curso “Interrelaciones Naturaleza–Cultura en el Patrimonio Mundial”, con miras a la preparación de profesionales idóneos para el reconocimiento y gestión de sitios mixtos.

A propósito del reconocimiento de bienes mixtos, es importante decir que, en el proceso de inscripción de un bien cultural o natural en la Lista del Patrimonio Mundial, siempre existe el potencial evidente de expandir los criterios por los cuales fue reconocido. Esto da como resultado la aparición de bienes mixtos a través de procesos de reinscripción. Para el caso de México, esto sucedió con la Zona Arqueológica de Calakmul, inscrita previamente en 2002 como bien cultural y, años después, en 2014, como bien mixto.

En un primer momento, el Comité del Patrimonio Mundial reconoció a la Antigua ciudad Maya de Calakmul como un sitio arqueológico excepcional que desempeñó un papel de suma importancia en la historia de la región durante más de 12 siglos, y cuyas estructuras y trazado global se hallaban en un estado de conservación admirable.

Posteriormente, el Estado Parte mexicano solicitó al Centro del Patrimonio Mundial la extensión del sitio y la inclusión en su declaratoria de dos criterios naturales por demás evidentes en la zona. Así, en 2014 el Comité reconoce al importante santuario de biodiversidad donde se localiza la ciudad maya (que por su tamaño es el tercer mayor hotspot del mundo que conjuga ecosistemas tropicales y subtropicales) e inscribe como bien mixto a la Antigua Ciudad Maya y bosques tropicales protegidos de Calakmul en la Lista del Patrimonio Mundial.

Prácticamente desde el nacimiento de la Convención y sus ya casi cinco décadas de éxito, el sistema del Patrimonio Mundial ha afrontado el cuestionamiento que supone la brecha profunda entre naturaleza y cultura. Si bien se está haciendo mucho en este terreno, sigue siendo fundamental la revisión de políticas y prácticas actuales y así, responder a la gran oportunidad que se tiene de reafirmar la contribución del Patrimonio Mundial a la protección eficaz y equitativa de la diversidad cultural y biológica.

Por Alejandro Alcaraz Torres